El lado oculto de la pandemia

Todo parece indicar que tras la tragedia endilgada al Covid 19, por su marcha inexorable, por su tránsito pesado y lento, subyace un mensaje místico de cambio ineludible de la actitud de los humanos frente a la vida, en dirección a compartir ahora sí a plenitud la Tierra Madre en armonía con las demás manifestaciones telúricas...

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Todo parece indicar que tras la tragedia endilgada al Covid 19, por su marcha inexorable, por su tránsito pesado y lento, subyace un mensaje místico de cambio ineludible de la actitud de los humanos frente a la vida, en dirección a compartir ahora sí a plenitud la Tierra Madre en armonía con las demás manifestaciones telúricas, incluso siderales, cósmicas, y aquello que han dado en llamar lo no humano.

La humildad y la simpleza se asoman al camino de los terrícolas sobrevivientes, coquetean con el imperio definitivo de la sencillez en el paraíso perdido (ignoto) y, al mismo tiempo, perfilan la majestuosidad de un hedonismo edénico –aunque suene contradictorio para muchos sujetos arrogantes, exterminadores- .

No obstante, la acumulación delirante de capital, de riqueza monetaria, produce monstruos apocalípticos difíciles de conjurar de no ser por reaccionarios instrumentos como el propio virus y por las nuevas formas de tribulación, que van desde el cambio climático hasta las tendencias criminales más disímiles y más asfixiantes. La guerra de despojo y la horda rediviva aprietan tuercas –los tiempos peligrosos, previstos en sus cartas por San Pablo, miles de años atrás-. El encierro no será un efecto exclusivo de la pandemia y de la protesta social, pues dará lo mismo quedarse aislado en las cuatro paredes que buscar refugios exteriores en los dominios del monte, cuando la situación lo amerite: palo porque bogas y palo porque no bogas… Y como todo no volverá a ser lo mismo, aunque muchos seres superficiales todavía se resistan a aceptarlo, la fuerza de los acontecimientos será tozuda, terca como una mula.

En Neiva, para no ir muy lejos, hay una explosión de reformas locativas en algunos condominios, un despliegue de dinero que no cesa desde el mes de diciembre de 2020, día y noche. El ruido de pulidoras y de herramientas múltiples en esas refacciones diarias no cesa. El cambio de actitud sugerido por el virus en relación con la mesura, con la prudencia, con la cordura y con la vida simple, sin tanto aspaviento de corte mafioso, no hace ninguna mella en los moradores ‘distinguidos’ de la ciudad, de las zonas de clase media para arriba. Es posible que los ríos de dinero que corren en la arquitectura urbana tengan raíces mafiosas, en virtud de la época que transcurre veloz, y cuando se informa que los niveles de vida de Neiva se asimilan a los estándares que caracterizan al Chocó, la región más deprimida del país, al tenor de las estadísticas demográficas.

El presidente Santos, durante una de las visitas oficiales de su prolongado mandato, cuestionó a los miembros de la clase política territorial por el statu quo que propician cínicamente en medio de grandes recursos naturales, de transferencias y de presupuestos envidiables. Se puede deducir que el norte espiritual trazado por los hechos calamitosos de las últimas vigencias no le mueve la aguja a la cultura huilense.