70 Aniversario de la facultad de economía de la Universidad Nacional

Ingrese a la Facultad de Ciencias Económicas en 1968 a la carrera de Economía, cuando lograr un cupo en la Universidad Nacional para un estudiante de provincia, era algo así cómo ganarse una lotería

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En buena parte del país no hacia presencia la Universidad Pública y el ingreso a una Universidad privada no era opción para los sectores de bajos ingresos. En todo caso, para instalarse en la capital, era necesario recurrir al crédito de Icetex, o trabajar y estudiar.
La Facultad se creó el 22 de enero del 52 al independizarse de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas, concluyendo un proceso gestado desde 1945 cuando se constituyó el Instituto de Ciencias Económicas dirigido por el profesor Antonio García Nossa, referente obligado en la historia de la facultad, junto a Lauchin Currie, los padres de este centro de estudios de la economía. El nombre fue Facultad de Economía que cambia en 1960 a Facultad de Ciencias Económicas orientado a tres áreas académicas: economía pública, economía privada y estadística pública.
En 1961 su sede es el Edificio 310, diseñado por el arquitecto Fernando Martínez, considerado patrimonio arquitectónico de la Nación desde 1990.
 La Facultad de Economía que encontré, tenía un programa curricular integrado por asignaturas como matemáticas, estadística, lógica, contabilidad, historia y política económica que constituían el núcleo básico de aprendizaje.  Esto nos facilitó un mayor acercamiento de la enseñanza económica a los   paradigmas que en Teoría Económica se elaboraban en Europa y en Estados Unidos. Todo ello satisfacía mi interés por abarcar otras facetas en diferentes áreas del conocimiento.
 Recuerdo que el profesor Rodrigo Manrique, coordinador de la carrera fue el encargado del saludo a los primíparos y sería el profesor de Introducción a la Economía, Bernardo García el decano y toda la influencia del profesor Currie quién también fue decano de esta facultad. 
Encontramos un enriquecedor debate entre la economía clásica con teóricos como John Stuart Mill, Thomas Malthus, Adan Smith, David Ricardo y Carl Marx - y la escuela neoclásica de Carl Menger, (Austria), Stanley Jevons, León Walras, Alfred Marshall y en el caso de nuestra escuela Paul Samuelson, premio Nobel era de obligada lectura.  Al inicio de la carrera ya asomaba la postura de una izquierda radical que llego a vetar la enseñanza de la microeconomía y los modelos econométricos por considerarlos “teoría burguesa” y hasta la enseñanza del inglés por juzgarlo el “lenguaje imperialista”.  
Vendrían las mediaciones de la teoría estructuralista de la CEPAL con Raúl Prebisch y los teóricos de la Dependencia (Ruy Mauro Marini, Cardoso, Dos Santos Furtado, Frank y Faletto) entre otros, que también eran fuente de debate en los salones de clase. Raúl Prebisch criticaba los viejos lineamientos de la división del trabajo al tiempo que señalaba el proceso de industrialización como el único medio con el que contaban los países subdesarrollados para captar una parte del progreso técnico y elevar de manera progresiva el nivel de vida de la población. La industrialización permitiría el crecimiento del comercio exterior de las exportaciones de materias primas ajustando los esquemas de consumo, que generarían la acumulación creciente necesaria para el desarrollo.  
En esa perspectiva, para el caso colombiano era un texto obligado el libro “Estudios Sobre el Subdesarrollo Colombiano” (1969) de Mario Arrubla, extensivo a la intelectualidad contestataria, porque explicaba el atraso del país, la pobreza y hasta la violencia y soportaba la posibilidad de una revolución social y socialista.
Es el caso de la teoría de la desigualdad en los términos de intercambio desigual, al vender materias primas como café, petróleo, ferroníquel y carbón con menor valor agregado, e importar bienes de capital y tecnologías intensivas en ciencia y tecnología. Era evidente que pagábamos más por menos, con lo cual se profundizaba la dependencia de los países periféricos, del centro capitalista, que además legitimaba la protesta contra el modelo existente y al mismo tiempo explicaba la necesidad de una revolución, de un cambio que se agitaba, tomando como ejemplo las revoluciones  triunfantes de Rusia, Cuba, China y hasta la de Vietnam, que tenían mucho eco en las aulas universitarias y los debates se hacían intensos, al punto que se hablaba de tres perspectivas: el modelo clásico de la revolución Leninista de Rusia (Partido Comunista- JUCO), la Revolución de nueva democracia China de Mao (MOIR-JUPA) y la Revolución Cubana, proceso más radical que justificaba la lucha armada, la toma del poder y transitar al socialismo.
La juventud universitaria del 60 simpatizó con este último por el liderazgo y carisma del Che Guevara y Fidel Castro, del capellán de la Universidad, Camilo Torres con las tesis sobre el problema campesino, complementada con el problema agrario, que ya Antonio García había argumentado explicando los problemas del latifundismo, la concentración de tierras y la necesidad de una reforma agraria, al igual que los textos del sociólogo profesor Darío Mesa sobre el tema. 
Mi generación, iniciada en la década de los 70, se encontró con una coyuntura de grandes transformaciones políticas y económicas, donde el Gobierno de la época planeaba un desarrollo económico promoviendo el mercado interno, la industria y el desarrollo urbano, identificando sectores claves para impulsar el crecimiento económico. Era clara la influencia de la misión de Lauchlin Currie (1950), de los diagnósticos de la CEPAL (1954) y de la misión Lebret (1955). El estado y la sociedad colombiana esperaban encaminar el país por el sendero de la modernización institucional, buscando transformar esas estructuras y encontrar una ruta de desarrollo acorde con las características del país. 
Las teorías de este economista tienen gran incidencia en la Academia y en la política del país en el período 50-70, como que fue pionero en el desarrollo de políticas antirecesivas generadas por la gran depresión del 29, negociador con Keynes y ex asesor del Presidente Franklin Roosevelt. Los niveles de pobreza se reflejaban en un deficiente y casi nulo sistema de salud, la carencia de un sistema educativo público con baja cobertura y calidad, carencia de vivienda y servicios públicos. Estas bases las tomó el Gobierno de Misael Pastrana (1970), para impulsar su plan de gobierno, “Las cuatro estrategias del desarrollo colombiano”. 
En su paso por el Alma Máter, Currie como decano de la Escuela de Ciencias Económicas, creo el Centro de Investigaciones para el Desarrollo (CID) en1966, procurando la cooperación y la vinculación del trabajo de la Universidad a la transformación de la sociedad colombiana, (realizó el primer estudio sobre el desarrollo urbano de Bogotá), construyendo alternativas para la transformación de la economía colombiana con enfoque latinoamericano. Junto al profesor Antonio García son pioneros de la historia de la facultad. García graduado en Derecho en la Universidad del Cauca, participa en la organización de la Universidad Nacional a finales de los años 30, siendo uno de los fundadores y director de la primera institución de enseñanza de la ciencia económica el Instituto Nacional de Ciencias Económicas, que después se convertirá en la Facultad de Ciencias Económicas de la UNAL. El Maestro García me honra con la monitoria de sus cátedras de Economía Agraria y Desarrollo Económico, que asumí con mucha responsabilidad dados sus frecuentes compromisos en el exterior.
Con la reforma Patiño (1964-1966) que creó las grandes facultades, como la de ciencias, artes y arquitectura y de ciencias humanas, constituidas por departamentos, se transformó la estructura universitaria. Los Departamentos de Economía, Administración y Contaduría se integraron a la Facultad de Ciencias Humanas, y entonces mi diploma de economista lo firma el decano de esta última. Graduado como economista, en la rectoría de Luis Carlos Pérez (1974-1975), Antonio García, vicerrector Académico me invita a vincularme a la docencia donde inicie mi carrera docente desde Instructor Asistente hasta Profesor Asociado, sin ocupar cargo directivo en la Facultad, siempre en la catedra y la investigación como se puede constatar en publicaciones, conferencias y libros publicados por la Universidad.
Solo hasta 1978 los departamentos retornan de nuevo a la Facultad de Ciencias Económicas que pretendían una unión académica y administrativa con autonomía, ello permitió consolidar la investigación y en 1979, bajo la dirección del profesor Bejarano se publicó el primer número de la revista Cuadernos de Economía. En 1980 se crea la Maestría de Economía que dirigiría el profesor Leonidas Mora, así como la Revista Innovar de Administración de Empresas bien acreditada en el plano nacional y con reconocimiento internacional.  
En 1999 se creó la Maestría de Desarrollo y Medio Ambiente con el concurso del Instituto de Estudios Ambientales creado en mi rectoría, que profundiza sobre los temas ecológicos y desarrollo sostenible. En 1996 nace el doctorado en economía y en 1997 la maestría en administración de empresas. Todos los programas ofrecidos gozan de acreditación de alta calidad.
La facultad de ciencias económicas se ha consolidado como centro de pensamiento e investigación que trasciende las fronteras nacionales, no solo por sus políticas de cooperación e intercambios, sino por la calidad de la investigación y revistas indexadas. De allí han egresados profesionales bien formados con liderazgo en cargos del Estado, Planeación Nacional, Banco de la República, Dane, Congreso de la Republica y en el apoyo a otras universidades del país. 
Hoy se compite con otros centros de estudio del país y del mundo, pues la globalización es un hecho y plantea nuevos retos asociados a la era virtual, cambio climático y las herencias del Covid 19. Thomas Piketty, reconocido economista e investigador se pregunta “¿puede la crisis provocada por la Covid 19 precipitar la adopción de un nuevo modelo de desarrollo, más equitativo y sostenible? Sí, pero a condición de que se produzca un claro cambio de prioridades y que se cuestione un cierto número de tabúes en las esferas monetarias y fiscal, que deben ponerse finalmente al servicio de la economía real y de objetivos sociales y ecológicos”. (Viva el socialismo – Crónicas 2016-2020).”