Rompiendo barreras: ¡¡Es ahora o nunca!!

Desde hace muchos años y en la actualidad, las mujeres enfrentamos dos grandes desafíos: el techo de cristal y el techo de cemento.

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El primero hace énfasis en los factores externos, como estereotipos y desigualdades entre el sexo femenino y masculino; también hace referencia a esa barrera invisible a la que nos exponemos las mujeres en la mayoría de actividades, bien sea laborales, políticas etc, lo que nos impide alcanzar niveles jerárquicos más altos, independientemente de nuestros méritos o logros.

Sin embargo, existe otro reto aún más grande, son esas barreras autoimpuestas por la propia mujer, esas limitantes internas que tienen que ver con la falta de confianza o con el miedo al fracaso. Las mujeres encontramos obstáculos culpándonos a nosotras mismas, ya sea por la falta de confianza, autocrítica y/o la propia percepción de auto limitarnos. Visualizamos un alto costo personal y familiar, que impide una lucha por el crecimiento académico y profesional.

Por lo que en definitiva es necesario dejar atrás los estereotipos y comenzar a perder el miedo al fracaso. Superar los obstáculos internos y externos es un reto para todas. Es crucial un cambio de mentalidad y empoderamiento.

En un escenario mundial de impulso a ese poder femenino, también debe ser un tema de agenda mundial la equidad de género, para así sumar esfuerzos y hablar desde una perspectiva de igualdad y partiendo de tales condiciones como un derecho humano fundamental.

Romper estas barreras se logrará a través de una serie de procesos que involucran a todos los ciudadanos: actividades de prevención y control de la violencia, avances para lograr mayor conocimiento y cumplimiento de derechos y obligaciones, mejorar la capacidad para concertar acuerdos y dar solución pacífica a los conflictos entre ciudadanos, para finalmente mejorar la capacidad de comunicación y participación ciudadana, con mayor inclusión.

Los gobiernos, dentro de sus competencias democráticas, siguen trayendo a la mesa propuestas de cambio para una equidad, y aunque sigue siendo de interés colectivo y contenga intención de un cambio real, generalmente son utilizadas como estrategias de campaña. Por lo tanto, el verdadero cambio viene de cada uno, de conductas y comportamientos, el cual a través de un proceso de socialización integral y cultural, promoverá el tan anhelado cambio.

Desde mi experiencia personal he vivido esa falta de compromiso en el apoyo a la mujer, esto debe ser un reto individual, colectivo, no es solo obligación del estado, en muchas ocasiones solo necesitamos verdadero apoyo en nuestros emprendimientos, en nuestras acciones, las mujeres no queremos que nos regalen nada, en lo absoluto.

Para romper esos techos de cristal y de cemento, se requiere descubrir la misión única e irrepetible que tiene cada una, aprender a identificar y a tener prioridades, tener esa mentalidad ganadora, lo que nos permitirá tomar decisiones más correctas, acertadas y sostenibles en el tiempo.

Si la sociedad se encarga en exaltar la fortaleza del ser, hombres y mujeres, para que seamos una misma fuerza, se consolida una realidad de crecimiento y desarrollo donde los líderes generan más líderes y el empoderamiento entre mujeres y hombres tiene como base el talento y la igualdad, en ello radica mi apuesta, en destacar el poder de los hombres y mujeres que trabajamos a diario por construir una sociedad mejor.

¡Es hora de comenzar a romper el techo de cristal y de cemento! dejar de limitar las oportunidades, empezar a pensar fuera de la caja, porque el crecer de manera personal nos hará crecer en todos los ámbitos de nuestra vida, generando un impacto positivo en la sociedad.