El discurso del método

El discurso es un acto complejo de palabras, actitudes, gestos realizados con la mirada, los brazos, las manos, el cuerpo.

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Que deja percepciones en el interlocutor, dependiendo de su capacidad de comprensión, de su capacidad para procesar información y producir juicios, y sobre todo de sus prejuicios, o sea de los juicios que ya se tienen sobre algo o alguien. Por eso quienes tienen prejuicios sobre Petro, por más claro que este hable, por más que precise lo que pretende o no hacer, nunca cambiarán de percepción.

Hace cuatro años, tras el discurso de Macías como presidente del Congreso, y comprendiendo que hablaba en nombre del Centro Democrático que había ganado las elecciones, puse un mensaje que decía: el discurso de Macías fue una declaración de guerra. Y efectivamente eso fue lo que vivimos durante estos cuatro años: intensificación de la guerra con asesinatos, masacres, persecuciones, violación de derechos humanos e incumplimiento de lo básico del Acuerdo de Paz. Esa percepción que nos dejó Macías tras su discurso, se materializó.

El segundo discurso que tenía en expectativa al país, fue el reiterado de Zapateiro y Duque. En este caso, el primero enfatizó en la palabra y el segundo lo hizo con el gesto: complaciente, burlón y risueño cuando aquel se despachaba contra Petro en plena campaña. El primero insistía con la palabra en su descendencia de Zapateiritos que no aceptarían un eventual triunfo del candidato de izquierda, mientras Duque llenaba por doquier de elogios y ajúas a los militares, como invocándolos a acatar las sugerencias de su jefe Zapateiro. La percepción que se tenía y por lo que se temía era la de un eventual ruido de sables. Pero al contrario del caso de Macías, el discurso de Zapateiro y Duque se produjo al final de un mandato del cual la opinión pública, el país, ya tenían un juicio. Así que el mismo no fue más que otra de las estrategias de Duque para dejar en el imaginario colectivo la percepción de un país convulso o en crisis al que Petro tendría que enfrentar. Ello porque la actitud de la jerarquía militar hoy en la posesión demostró que la percepción irradiada por ese dueto Duque Zapateiro, era falsa.

El tercer elemento discursivo a resaltar es el de Petro en su posesión. Un discurso largo que enfatizó en su agenda política, en la metodología para su realización y en el decálogo de prioridades. Pero tras más de cincuenta minutos, la percepción dejada es la de un gobierno que búscará la paz, el fin de los odios y sobre todo de los conflictos que acaban con la vida o que impiden que las mayorías vivan con dignidad. Y que para ello atacará las causas de esos conflictos y de las condiciones que impiden construir una sociedad digna para todos, para lo cual convoca el compromiso de todos los colombianos. Difícil que ante una percepción de sinceridad como esa y frente a la profundidad de un discurso como ese, alguien se oponga. Me imaginaba la cara de Uribe, pero sobre todo quiero escuchar qué percepción pretenderán irradiar ahora las voceras de la oposición, Cabal, Paloma y compañía. Mañana las escucharemos.