La hartera de lo usual

Existen asuntos muy hartos (‘¿jartos?’) del sistema que nos rige y sobre los cuales muy pocos ciudadanos alcanzan a despertar algún nivel de consciencia, como para modificarlos, o desterrarlos del paisaje.

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Son lo más parecido a algunos matrimonios y uniones donde se duerme con el enemigo en la misma cama… Aceptados e ineludibles, están en la rutina, cristalizados, galvanizados. Se vuelven comunes al diario vivir y tal vez por eso no son objeto de cuestionamiento ideológico-político (con honrosas excepciones) por parte de los entendidos, de los analistas, aunque de bulto su presencia tenga visos de impropiedad.

Uno de ellos (son muchos) tiene que ver con la aceptación de estudios y análisis de opinión pública referentes al grado de credibilidad que despiertan los noticieros de televisión en el país. En una medición de una universidad norteamericana, no muy conocida en los medios académicos nuestros, se afirma que el noticiero de Yamid Amat, Noticentro CMI, de Canal 1, ostenta la mayor confianza (68% de los encuestados lo dicen) frente a la competencia privada y pública en Colombia.

Sin embargo, nuestro ojo de buen cubero nos permite considerar, con todo respeto, a ese medio como gobiernista –y por lo tanto mentiroso en buena parte-: tiene a un periodista permanente acompañando a Duque en todos sus movimientos: nadie menos que Carlos Ruíz, antiguo escudero de Amat Ruíz y su mano derecha desde las épocas de 6 a.m-9 a.m. en Caracol Radio. Este reportero no le pierde pisada al presidente y viaja con él por el mundo, igual que los demás colegas acreditados que cubren Palacio. El medio al que pertenecen se ahorra los viáticos del cubrimiento de la gira presidencial, pero entrega su independencia crítica y su criterio profesional.

LOS CANTOS DE SIRENA

Por cuenta del presupuesto nacional, estos ‘enviados especiales’ alcanzan la notoriedad de embajadores permanentes, de celebridades itinerantes con roce ‘por lo alto’.  En esa medida magnifican, sin objetarlas, las afirmaciones muchas veces falaces del primer mandatario de los colombianos. Con un libreto preparado, dirigido, actúan al igual que un discreto coro de áulicos, de talla internacional.

La arrogancia, entonces, se transforma en su principal consejera de travesía mundana, de paganismo sistemático, frente a la generosa vida social que frecuentan, apartados en apariencia de los efectos devastadores de la crisis asociada a los tiempos de tribulación masiva. Los medios, sobre todo, aguantan un poderoso enfoque sutil a partir de las técnicas desplegadas y sabidas por los periodistas y por sus directores resabiados.

EL CANTO DE SIRENAS

Pero, además, en el caso que nos ocupa hoy como muestra, la chequera del jefe Yamid se llenó de muchos ceros a la derecha, al tiempo que la pauta del Canal 1 se disparó, en virtud de la calidad de socio que ostenta Amat Ruíz en la actualidad. El noticiero promociona ahora la programación ordinaria del Canal, sin sonrojarse.

Basta con una llamada a Palacio para conseguir jugosos contratos multimillonarios en favor de Noticentro CMI, en primera instancia. De siempre, consideramos inconveniente el maridaje de los medios con el poder ejecutivo, aunque sea una práctica común en el país y que puede explicar los fundamentos de la violencia milenaria que nos destruye. Se diría que la complicidad mediática obedece al carácter privado de los concesionarios y a sus ganancias normales en la competencia.

No obstante, el andamiaje comunicativo de la época incorpora elementos fascistas sutiles, persuasivos, y los presenta como apéndices de la democracia, por un mandato de arriba so pena de censura publicitaria. Se precia, ese mismo medio, de llamar democracia al despotismo oficialista, al estado de opinión, a la discriminación disfrazada de superioridad aparente y conductista. Al prohijar la ignorancia de las colectividades mediante el enfoque informativo amañado, el statu quo colombiano adquiere un espacio en las costumbres de los connacionales.