A los tibios el señor los vomitará de su boca

Ya la Biblia lo decía; “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (Apocalipsis. 3: 15 - 17).

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Y es bueno, recordar que hoy en día el tiempo no está para posiciones tibias, ni neutrales. Concretamente, llego el momento de ser claros; estamos con la “gente de bien” o estamos con los muchachos que siguen en la calle. Pero ese estar, no puede ser una especie de veleta, como hacen algunos gobiernos locales (como, por ejemplo, Gorky Muñoz) que se arriman al sol que más alumbra. Si una persona que pretenda servir al país en el 2022 no es capaz de servir al país ya mismo, no merece ser elegida para nada.

Por qué ahora, se viene la represalia del gobierno, ahora este narcoestado pasa cuenta de cobros al mejor estilo mafioso.  Se aprobó la sobre tasa a la gasolina, se cayó la matricula cero y la renta básica, se hacen los bobos con el fracking, avanza la reforma a la justicia y se prepara nuevas reformas, la tributaria y a la salud. Es decir, las razones para seguir protestando existen. Y los tibios preguntan contra quien se pelea y les digo, son dos enemigos claros; un Estado desigual y miserable (impuestos injustos, exclusiones del sistema de salud, precariedad, desidia en la pandemia, educación sin recursos) y un Estado represor (ESMAD, falsos positivos, asesinatos, masacres, abusos policiales). Y son cosas, que cualquier gobierno decente podría resolver por otros canales, pero no, el Gobierno lo redujo a un pulso de fuerzas. ¡Acá se aplica la filosofía del matarife, “le voy a dar en la cara, marica!”

Y el Paro ha mostrado, que esta violencia no es solo de ahora, la “gente bien” ha reprimido y masacrado desde siempre, para proteger privilegios y para perpetuar un modelo económico desigual y excluyente. Es un estado fascista basado en la economía ilegal, que recoge una serie de prácticas que van desde la desaparición forzada hasta los falsos positivos, pasando por el bombardeo a civiles, el uso de la fuerza de manera generalizada y la imposición del terror, todo esto justificado por los medios y alimentado por teorías fascistas como la tal “revolución molecular disipada”. Tal vez se diferencia del fascismo tradicional, en el que no hay camisas negras ni pardas sino blancas, maneja un discurso simple de estigmatización, en donde hay “gente bien” y “vándalos”, el Gobierno es autoritario y centraliza en una persona todo el poder, las Fuerzas Armadas pueden actuar con absoluta impunidad, y un discurso hegemónico da cuenta de la realidad en los medios masivos, aunque sea contrario a la realidad.

Por eso, los partidos políticos y los medios, han comenzado con el cuento de que el paro es simplemente una estrategia electoral. Pero nadie cuestiona como el gobierno utiliza el congreso para implementar leyes que lleven adelante la implementación de políticas que aumentan la desigualdad y la pobreza, esas mismas políticas contra las que se lucha en el paro y que son, en esencia, políticas neoliberales. Y son tan falsos, que al no tener mayores argumentos para la implementación de estas políticas tildan a sus críticos de pasionales; ahora les llaman incitadores del odio y otras clases de epítetos. Por eso, los tibios miran para otro lado, no condenan la represión, no entienden la calle ni las protestas, dicen que todas las violencias son iguales, piden no caer en los extremos, no polarizar, como si el país no llevara más de 200 años debatiéndose en esos extremos.

Frente al tratamiento de guerra que el gobierno le da a las protestas y la utilización del recurso militar para desgastar las movilizaciones ciudadanas, hay que seguir insistiendo en el apoyo al Paro Nacional y la necesidad de construir el mandato constitucional llamado Estado Social de Derecho. Acá no hay términos medios, ni tibios que valgan la pena. Como dijimos al comienzo, a los tibios no los quieren ni siquiera en la Biblia, ni en Colombia ni en ninguna parte del mundo. A lo largo de la historia han dejado testimonio de lo que son: facilistas comodines del poder hegemónico, o fieles representantes de la mediocridad, o simplemente, vendidos al mejor postor.