¿Para que la militarización?

Para muchos, hartos de la inseguridad y la violencia de toda clase, el reclamo por una “mano dura” puede ser entendible. La violencia, el crimen, y la inseguridad figuran desde hace varios años como una de las principales preocupaciones de los colombianos.

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Hay poca confianza en las instituciones encargadas de proveer seguridad y hacer cumplir la ley, porque las mismas instituciones responsables de proveer seguridad (las fuerzas policiales) se han visto desbordadas en sus funciones ya sea por falta de criterios, de entrenamiento, de equipamiento, de recursos (tantos físicos, como institucionales), o una combinación, de todas.

Sin olvidar, el crecimiento del crimen organizado y el narcotráfico, lo que en algunas partes ha socavado la legitimidad de la policía y del sistema de justicia. Entonces la opción cortoplacista ha sido la militarización de la seguridad. Lo que hasta hace un par de años era una excepción, hoy se está convirtiendo en una peligrosa tendencia. 

Por eso, algunos gobiernos han hecho eco de este llamado y han sacado los militares (con toda su bravuconería de muerte) a las calles. Lo curioso es que la más entusiasmada con la idea es la alcaldesa de Bogotá, quién se describe como de centro izquierda y quién para muchos era la llamada a cambiar las costumbres políticas en el país, pero resulto fascista. Cosa que cada día es más visible. Lógico, la derecha salió con sus eufemismos, “No pedimos represión a las libertades sino prevención militar y policiva contra el vandalismo”, señaló el expresidente Álvaro Uribe, como solución a los problemas de inseguridad.

Pero al mismo tiempo censura a los escritores colombianos en la Feria del Libro en Madrid. Pero ya se sabe, ellos no quieren represión, sino “prevención militar y policial” y Claudia López dice lo mismo; “Bogotá no se militarizará, pero sí se pedirá apoyo de la Policía Militar en patrullajes y puestos de control”.

 

Sin embargo, la experiencia ha demostrado que si bien, al principio se genera una sensación importante de seguridad, al poco tiempo los ciudadanos, particularmente los delincuentes, se dan cuenta que los militares en las calles muy poco pueden hacer frente al hurto y una serie de hechos de violencia y delincuencia en la calle. Y es que los militares no están entrenados para eso y desde luego no salen con el equipamiento adecuado para garantizar la seguridad de los ciudadanos.

Lo que, si se podremos ver, es que el proceso de militarización que viven el Estado y la sociedad civil ahora si será visible. Y con ello se aumentará, por ejemplo, el abuso de derechos humanos. El involucramiento de las FF. AA en la seguridad de América Latina ha aumentado las acusaciones por abusos y violaciones de derechos humanos. Eso está documentado y el Paro Nacional, es un mostrario doloroso. 

El modelo de estado uribista, confunde a propósito, la función policial y la función de guerra, es decir, la extensión de un conjunto de prácticas militaristas ancladas institucionalmente y orientadas al control de la población y sobre todo la inconformidad. Lo que se vio claramente, en el desalojo en el asentamiento Primero de Mayo en Acevedo, donde en ningún momento se vio el Estado Social de Derecho, sino el autoritarismo de un gobierno injusto.

Y lógico, todo motivado por una razón social, apropiarse de las tierras ocupadas. Por eso vemos hoy en día que las mismas estrategias que se han utilizado en la guerra contra la guerrilla, se están utilizando en la guerra contra la ciudadanía, lo que legitima la capacidad coercitiva del estado uribista. Y eso sumado a la cooptación de todos los organismos de poder del Estado.

La incapacidad del gobierno colombiano para asumir sus responsabilidades de garantizar protección y proveer las necesidades básicas de la población hoy tiene en crisis su legitimidad. Incapacidad que solapan tras un discurso de securitizarían con el que prometen hacer trizas el acuerdo de paz y regresar a la seguridad democrática, sin mencionar que esto se hace a costa de la restricción de derechos de todos los colombianos. 

El enfoque militarista, es la pérdida del control democrático y aumento del poder de las élites, dos problemáticas que hoy son evidentes en el caso colombiano, donde, por un lado, se restringen libertades en pro de la seguridad y, por otro, las élites tradicionales y emergentes, muchas de estas últimas ligadas a economías ilegales, ganan poder, en un juego perverso donde la ciudadanía solo termina siendo legitimadora de la oferta de militarización impuesta bajo el rótulo de seguridad ciudadana.