Feminismo, la generación de la igualdad

Feminista es cualquiera que reconozca la igualdad y plena humanidad en hombres y mujeres. Esta es una década muy prometedora para el progreso en la igualdad de género.

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Hace ya más de cinco años la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, aseguró el compromiso de 193 estados y en el que, por supuesto está incluido el compromiso con el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 5, el cual se refiere a crear un mundo en el que todas las mujeres y niñas disfruten de la plena igualdad, aunque todavía estamos a un siglo de alcanzar la paridad de género; para la participación económica de las mujeres, estamos a 257 años de cerrar la brecha de género. Si no estamos dispuestas y dispuestos a liderar el camino al cambio, tomar medidas estructurales, promover la justicia y desde luego la igualdad. ¿Quién lo hará?

Las mujeres representamos alrededor del 70% de la fuerza laboral mundial en los sectores de impacto social, pero ocupamos menos del 30% de los puestos de liderazgo superior, el liderazgo feminista exige que transformemos nuestro propio sistema y estructuras organizativas para promover la igualdad.

Al apoyar el liderazgo de las mujeres jóvenes, no solo tenemos un impacto positivo en la vida de las niñas y las mujeres, sino que también desafiamos las normas sociales. Las mujeres somos constantemente silenciadas y subestimadas por un mundo y una sociedad que no nos quiere ver y aceptar como lideresas fuertes y determinadas, es responsabilidad de todas y cada una de nosotras confrontar esos prejuicios y hacer un llamado de atención a otras mujeres cuando también exhiben prejuicios. Una y otra vez, hemos escuchado historias de mujeres relacionadas con una combinación de discriminación por edad, imagen y otros prejuicios que nos impiden consolidar nuestro potencial como líderes; las preguntas más comunes y sexistas que en repetidas ocasiones nos realizan a las mujeres cuando estamos haciendo acciones de liderazgo es si somos solteras o casadas, cuántos hijos y cosas que no van al caso en la función que estamos desempañando y que nunca se le harían a un hombre, acaso ¿esas son condiciones que afectan nuestro desempeño? ¿Las responsabilidades no son compartidas?

Las mujeres adultas y jóvenes conocemos nuestros derechos y los ejercemos en unidad, porque estamos dispuestas a coordinarnos para luchar por nuestras causas en una sola voz. Somos fuertes, poderosas y por qué no decirlo, hasta en ocasiones intransigentes cuando se plantea un tema con el que no estamos de acuerdo.

Las feministas de generaciones pasadas jamás imaginaron hasta dónde llegaría el eco de su necesaria, legítima, muchas veces solitaria, dolorosa e inacabable lucha por conseguir condiciones de igualdad y no discriminación en los diversos ámbitos, empoderarse en el mercado laboral y erradicar las diferentes formas de violencia.

Se debe ajustar el discurso de género para que no se agote. El liderazgo feminista debe consistir en la creación de un nuevo sistema en el que todas las personas mujeres y hombres, niños y niñas tengamos acceso a oportunidades y opciones en la creación de un espacio para una nueva generación de líderes. Así es como quiero usar este invaluable poder.