Los abudinadores del Show

Es un espectáculo total escuchar a los honorables congresistas y a su presidenta, debatiendo sobre una decisión que no debería tener ninguna objeción, la Moción de Censura a Karen Abudinen, la ex honorable exministra TIC.

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Con humildad me acojo a lo que publicó en redes sociales la Real Academia Española (RAE) con respecto al apellido de la Ministra. Más allá de sus reclamos, la señora Abudinen no evitará que sea objeto de la invención de dos palabras que recordarán por años tan vergonzoso hecho; al contrario de ello, las palabras tendrán trascendencia mundial.

Más allá de las dos palabras, nacidas en la jerga colombiana para naturalizar el fraude y la frialdad, en el debate de Moción de Censura, los abudinadores fueron los congresistas. El show, como se esperaba, luego de las palabras soeces, la poca escucha, las cámaras apagadas y las confrontaciones, culminó de la peor manera, se fue al piso la Moción tras abstinencia de varios congresistas en las votaciones. Está más que claro que, con este último, la lista de espectáculos en el Congreso de Colombia, me permite ser recíproco a las palabras de la senadora Katherin Miranda del Partido Alianza Verde, es decir, comparto su vergüenza, y lo hago sin necesidad de ser representante.

Ausencia de austeridad y de reciprocidad, es la más rebuscada explicación que tengo a esta vergüenza de talla internacional, típica de gran parte de la clase política y empresarial del País. Que se hayan extraviado los setenta mil millones que permitirían mejorar las condiciones de conectividad de miles de jóvenes estudiantes, en países con políticas más estrictas, significaría la muerte política.

Bien por los congresistas que indignados expresaron su rechazo por lo sucedido con los setenta mil millones, la misma indignación se dio con lo del Ministro de Defensa, Molano. Indignados o no, el dinero no aparece, y aunque la Ministra ya renunció, debe ser juzgada como tiene que ser, y si desde las leyes no se hace, de igual manera su apellido ya es un verbo. Puede que no sea suficiente castigo para algunas personas, y que se termine declinando la idea de usar el apellido Abudinen para crear dos palabras (abudinear y abudinar), eso no quitará el que se sigan usando ni que se conjugue en la próximos años en las aulas de clases.

Los honorables senadores abudinan el show; es entretenido como ver cómo uno acusa a otro de estar en 'prostibulos' y bares, ver  que aquellos que se sintieron porque son clientes de esos lugares prendan sus micrófonos para exigir  respeto y que estos sean quienes se abstuvieron de votar o votaron rechazando la moción.

Cada sentir es distinto alrededor de uno de los escándalos de corrupción más descarados en la historia de este país (la lista es interminable). De igual manera la mayor afectada es la institucionalidad, ha estado tan viciada que sus aparatos están afectados con el humo de la corrupción. No descifraré en esta columna la enfermedad y la cura para salvar la fe en las instituciones, me conformo con dejar de reflexión que, el lenguaje bien aplicado ayuda a enriquecer la conciencia, y permite al individuo evadir las sombras de la ignorancia. De esta manera, que la jerga crezca no es el dilema, el asunto es que ojalá las próximas palabras que la RAE documente no tengan que ver con hechos de corrupción que suceden en este país.