El mortal vacío de poder

Y justo cuando más necesitábamos escuchar al Líder, se escondió. Cuando toda Colombia, esperaba sus palabras de tranquilidad y de orientación, el subpresidente cancelo por primera vez en todo este tiempo, el programa de televisión “Prevención y Acción” y que se transmite todos los días en un horario de 6:00 a 7:00 p.m.

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Y uno creía que el programa era para eso, para que el Líder oriente a su gente, pero no, cuando más se necesita, le dio miedo salir a hablar. Claro se disculpó y dijo, que andaba muy ocupado en un diálogo con diferentes sectores políticos y sociales para promover soluciones a la crisis que atraviesa el país. Uno pensaba que eso lo hacia todos los días y no solo cuando la gente sale a pedirle eso, que gobierne con todos. Entonces ahí si se sienta a arregla el país, es decir lo que hacemos todos, cuando tomamos cervezas con los amigos y arreglamos el país en medio de múltiples discusiones, Duque solo lo hace, cuando la gente se lo exige. 

Este gobierno del “que dijo Uribe” ha sido el de un líder pacato, o más bien un gobierno sin líder. Recordemos que es un presidente que sigue instrucciones de un expresidente-exsenador. A pesar de ocupar el cargo más importante del país, no es ni siquiera el líder de su partido. No es el miembro más influyente del Centro Democrático. No sienta línea política, no tiene proyectos, no tiene visión de país. Sigue siendo un empleado. Tiene alma de burócrata, porque lo ha sido toda la vida. Incluso si uno mira su equipo de gobierno, es decir su gabinete, no es una autoridad entre ellos y el país conoce como ministros como Guillermo Botero, Alberto Carrasquilla, Alicia Arango y Carlos Holmes Trujillo tuvieron más autoridad que el mismo presidente. Y si eso resulta así con los ministros, cómo habrá de ser con los comandantes de las Fuerzas Armadas, en quienes finalmente descansa la estabilidad de su gobierno, porque como hemos visto, Duque no tiene liderazgo ante el pueblo si no es sometiéndolo a bala.

Es por esta falta de visión, esa inseguridad como líder, que Duque echa mano con tanta facilidad de la violencia. Como dice Hannah Arendt, usar la violencia no demuestra que se tiene poder: “el poder y la violencia son opuestos; allí donde uno gobierna por completo, el otro está ausente”. La violencia la usa quien perdió las riendas, quién no sabe que paso seguir. Por eso, a la ira social la respuesta es  a la brava, con una violencia desbordada que ha dejado muertos y el temor de la ciudadanía a un feroz autoritarismo. Y no hay un Líder que dé respuesta a el desgobierno de la derecha colombiana, que se traduce en el mal manejo de la pandemia (en Colombia hay casi tres millones de casos activos), en las disparadas cifras de pobreza reveladas recientemente (la pobreza monetaria ascendió a 42.5% y hay 21 millones de personas en esa condición), en el desempleo que se vino encima (15.9%)   en el asesinato sistemático de más de 900 líderes sociales desde 2016, y en un proyecto de ley de reforma a la salud que nos condena a morir en las puertas de los hospitales, mientras las transnacionales de la salud se llenan de plata.

Duque no dio la talla, así de sencillo. Y esa falta de liderazgo solo produce la respuesta a las marchas que ya todos conocemos; un gobierno débil que usa a su fuerza armada para reprimir el malestar social. Y la brutalidad con la que la Policía ha tratado a quienes protestan, que corrió varios días al tiempo con un silencio de las autoridades, no solo es muy preocupante sino que es un acto criminal. Ante la violencia registrada, la respuesta NO la entrego nuestro Líder, es decir el presidente, sino Uribe, quien por Twitter le pidió militarizar las ciudades. Dicho y hecho. Por eso, la ineptitud y el desgobierno se le están convirtiendo a Iván Duque en un autoritarismo que está costando vidas. Tan terrible es la situación, que en las redes se grita a las personas que no salgan de casa después de las 6:00 pm: “No hay garantías para la vida”, dicen. 

Y cuando la sangre comenzó a correr por las calles, la derecha y los medios a una, comenzaron a hablar de los daños  que causaban los infiltrados, antes de pronunciarse sobre la vida de su propia gente a manos de la Policía que dirigen. Y de esa forma comenzaron a esconder el estallido social detonado por su torpeza y agravado por su indolencia, hablando como si fuera un simple caso de policía que él y sus sabuesos resolverán en cuestión de horas, como dijo en Cali el martes Zapateiro, el valiente general que le enviaba amenazas anónimas al caricaturista Matador. Y claro la desconexión con la realidad es tal, que ya van más de 7 días y Cali sigue resistiendo. Los hechos desbordaron al Gobierno y desnudo la ausencia de liderazgo de la derecha colombiana.