Gustavo Andrade Rivera o la grandeza del oficio

Casi arrogante, el muchachito se presentó, como consejero Departamental de Teatro y Circo. Nunca había escuchado esas dos palabras juntas y claro, uno cree que algún burócrata de medio pelo, aprovechando los 15 minutos de su contrato, le dio por hacer esta extraña junta y me dio vergüenza ajena.

alt=

 

 

No sé, si los dramaturgos de reconocimiento como Álvaro Gasca, Enrique Arciniegas, Jorge Alvarado y algunos más que todavía andan en la brega artística estén de acuerdo con esa degradación de su oficio. Lo que si se, es que en pleno aniversario de los 100 años de natalicio de Gustavo Andrade Rivera es un insulto creer que el teatro es un espectáculo de pura diversión y pasatiempo, una payasada.

Porque la obra de Gustavo Andrade Rivera supera justamente estas peloteras locales y se proyecta nacionalmente. Solo decir, como frecuentemente se hace, que su obra es igualada a la de un autor relevante en Colombia; Luis Enrique Osorio. A grandes rasgos, “las dramaturgias de Luis Enrique Osorio y Gustavo Andrade Rivera convergen en aspectos como la mirada a los conflictos de su entorno, pero el tratamiento que cada uno le da va a ser diferente: en Osorio el tema de la Violencia adquiere mayoritariamente un carácter testimonial; caso contrario ocurre con Andrade Rivera cuyas obras emplean la simbolización o la universalización” (Yolanda Díaz Rosero, Maestra en Literatura Latinoamericana). La misma autora, habla de cómo la importancia de la dramaturgia de Gustavo Andrade Rivera “radica en que representa una transformación o una renovación que luego, se va a desarrollar de forma integral con autores como Enrique Buenaventura y Santiago García”. 

Sin pretender igualar estos autores, solo el hecho de nombrarlo así, ya nos da la imagen de la grandeza de Gustavo Andrade Rivera. El Huila lo conoce como un periodista, poeta, cuentista, dramaturgo, gestor cultural y hombre público, todo eso, para decir que fue un huilense integral. Estudió Filosofía y Letras y Periodismo en la Universidad Javeriana. Se trasladó a Bogotá en procura de mejores oportunidades laborales y en busca de su realización como escritor. Escribió el guion de “El río de las tumbas” una de las películas emblemáticas del cine colombiano y de las pocas que se han rodado en el Huila. Fue dramaturgo con una producción especial, que dominó la escena Colombiana de parte de la segunda mitad del siglo pasado. Su obra "Remington 22" fue catalogada por la revista Semana entre los mejores 100 libros colombianos del siglo XX.

“Agudo analista y crítico mordaz, sus columnas periodísticas y espacios radiales en los diferentes medios de la época, despertaban la aletargada conciencia ciudadana y fustigaban a políticos y dirigentes. Aún se recuerda con adoración su famosa conferencia “Neiva necesita un alcalde que quiera a Neiva” donde con inmensa lucidez desnuda los problemas de la ciudad, la incapacidad de sus gobernantes y plantea soluciones prácticas y visionarias para colocar a Neiva en el lugar de privilegio que se merecía, rescatándola del atraso provinciano. (Jimeno Andrade Bahamón). En su época, lo mismo que está pasando en nuestro tiempo, la sequía intelectual del medio, los estorbos, la envidia, la hostilidad y la ingratitud, que él llamaba “nuestros métodos caseros de demolición” lo obligaron a emigrar, tal como igual, le sucedió a su familiar, José Eustasio Rivera. Participó activamente en el grupo “Los Papelípolas” movimiento literario huilense de contenido y alcance regional y nacional.

Se tiene pensado por parte de la secretaria de Cultura y Turismo varios eventos para recordar la vida y obra del dramaturgo, entre ellos regresa el Concurso de Dramaturgia “Gustavo Andrade Rivera” con la esperanza de que este año la participación sea mejor que otras versiones. Pero igual, creo que ya es hora de que los creadores, asuman con seriedad el oficio y piensen como un primer paso para dignificar el sector, la profesionalización del mismo. No podemos seguir pensando que escribir un poema nos hace escritores o pintar un cuadro nos gradúa de pintores o subirse a un zanco nos hace actores o ayudar a organizar una fiesta de quince años ya somos gestores culturales. Seguir pensando eso, justamente en el centenario de Gustavo Andrade Rivera y de la Tierra de Promisión de José Eustasio Rivera, es una falta de respeto para el compromiso con que ellos asumieron su oficio como creadores y que aporto mucho en la construcción de nuestra identidad como pueblo.