Verdad espeluznante en la JEP

En algún momento de nuestra realidad pesimista, al calor del infierno climático de la ciudad, se pudo pensar que la verdad del conflicto en buena parte sería sacrificada por el sistema que nos rige, a instancias de un marco jurídico diseñado para la impunidad de las elites.

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La letra menuda de los códigos porta su veneno atávico y perpetúa la confrontación, pero con los mismos vencedores y vencidos, aunque esto puede cambiar, de acuerdo con el giro que parecen tomar los acontecimientos en el 2021.

Allí emerge una juventud dispuesta a ir al sacrificio, al martirio del que hablaba el maestro Estanislao Zuleta en sus charlas filosóficas, cuando decía que la gente tiene el cuero duro para hacerse contar en el balance de los cambios definitivos, sin importar las consecuencias temporales, carnales, dolorosas.

TESTIMONIOS NO RECOGIDOS

Entonces, han surgido infidencias de la guerra y ampliaciones de la matanza –más allá de una justicia ordinaria y de una Fiscalía inocuas en su investigación sobre el particular- que ponen los pelos de punta, a juicio del portavoz de la JEP, Eduardo Cifuentes, un magistrado con carácter de jurista de trayectoria en las altas dignidades de ese poder jurisdiccional.

Al presidente Duque lo puso en su sitio por desbordar el poder ejecutivo y dar órdenes a la justicia, como si se tratara de un patrón de feudo, negrero con peones y sirvientes. El Señor Cifuentes concluye que el patrón criminal desplegado por el ejército y los grupos paramilitares durante la comisión de los falsos positivos es idéntico (tenebroso) en todo el país, presenta una acción sistemática contra la población civil no combatiente; incluso, se ensaña contra las etnias y los pueblos tradicionales pulverizando su cultura.

La extinción física de actores no armados desdibuja la constitucionalidad del país, pues su operación va contra las propias fuentes del derecho internacional humanitario, y mata cruelmente a las comunidades populares en estado de indefensión, vulnerables e informales (como la mayoría de connacionales), con los dineros del Estado, con la plata pública del presupuesto general de la Nación y de la ayuda internacional, es decir, lo hace cual si se tratara de un encargo de los contribuyentes, quienes se convierten de alguna manera en cómplices, a más de depositar su voto por los verdugos y compartir con ellos sus políticas de exterminio, en el papel.

RARA VISIÓN DE PUEBLO

En el fondo, estigmatiza a la población civil y la torna deleznable, materia disponible para transformarse en carne de cañón de unos procedimientos idóneos para ‘ganar’ la guerra, con resultados a la vista, con bajas en las filas del supuesto enemigo subversivo.

Hasta el momento, la indagación cubre los primeros años de este siglo, 2002 y algo más del calendario, y se extiende en el tiempo y el espacio, pasmosamente. El Huila se encuentra en un segundo turno, junto con el resto del Caribe, Antioquia y Casanare, según la JEP. Las fosas comunes bordean a Neiva, y se reportan por centenares en el cementerio central, además de regiones de orden público, de zona roja, en guerra centenaria, aplacada en apariencia con un proceso de paz en capilla, en cuarentena, mutilado.

El presidente de la jurisdicción especial para la paz, JEP, Eduardo Cifuentes, narró en noticias CMI del canal Uno, las atrocidades cometidas por las fuerzas militares colombianas contra la población civil indefensa, no combatiente, y aseguró que podría darse la reconciliación entre los colombianos como resultado del proceso de verdad y justicia que comienza, al amparo del testimonio directo de las víctimas, de sus familiares y de múltiples actores no escuchados oficialmente en los últimos 20 años mal contados.