Vándalos e infiltrados; las marionetas del gobierno

Todo comienza con la gente alegre llegando en grupo o solos. Allá se encuentra todo el parche y se saluda con el puño cerrado. Comienzan a marchar de manera calmada, con pancartas, altavoces y arengas referentes al pliego de peticiones que desean expresar colectivamente y que justifica el Paro Nacional.

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Luego, en algunos puntos definidos, se agregan más marchantes, más banderas y pancartas. Si bien,  no es posible hacerlo siempre, la gente que protestan intenta tener todo organizado: la ruta, el orden de la gente, los cantos, cientos de pancartas y una vestimenta coordinada para la ocasión. Y a lo largo de la marcha, la alegría y el compañerismo, permite las fotos, los selfie y las risas, sin abandonar en ningún momento las consigas y el objetivo de la marcha.

Sin embargo, es común que casi al final de las marchas, comiencen a visibilizarse grupos de personajes que no habían comenzado con la misma y que de pronto comienzan a mostrar ganas de hacer “algo más” y es cuando comienzan los denominados desmanes. El vandalismo se presenta, en general, a través de unos pocos sujetos encapuchados que lanzan piedras buscando quebrar la puerta de alguna entidad bancaria, o instituciones públicas. Como si todo estuviera determinado, una vez el sector de vándalos comienza sus acciones se da vía libre al uso de la fuerza por parte de la policía; Comienzan los gases y los golpes.

Lo curioso del asunto, es que llegan muy limpios, con cortes militares y botas negras iguales a los que usan los policías, casi nunca llevan con ellos pancartas alusivas al paro ni se escuchan que griten las consignas que reivindica su lucha, solo buscan destruir lo que encuentran al lado de la marcha, igual, tiran piedras y objetos a donde se encuentra la fuerza pública. Y claro, el guion a desarrollar es casi el mismo, por eso al final de las marchas no se van a descansar, sino que comienzan “su trabajo”. Pareciera que estamos frente a una estrategia de detrimento de las marchas, por parte de personas ajenas al sector, al gremio o al pliego de peticiones particular que estas tengan. Cabe entonces preguntarse: ¿qué sectores podrían estar detrás de tal fenómeno social? Y como cosa curiosa, la acción violenta de estos infiltrados, motiva la acción policial violenta. Es como si la respuesta ya estuviera acondicionada, ataque de infiltrados igual respuesta brutal de la policía.

Estoy casi seguro que esos infiltrados no coinciden con la mayoría de aquellos que marchan, quienes no querrían salir heridos de la manifestación, tampoco estarían interesados en desprestigiar su movimiento. De otro lado, los infiltrados podrían ser delincuentes a sueldo; pandilleros que se venden al mejor postor (dicen que en Neiva se pagan $ 25.000 – $ 30.000 por marcha a pandilleros de 14-15 años) y lógico, policías infiltrados. Esta última hipótesis constituye hace tiempo un secreto a voces en Colombia. Y la gente se pregunta al final, como es posible que el Esmad sea capaz de “frentiar” una marcha de miles de personas, pero se muestra imposibilitada para frenar la destrucción de una entidad bancaria por 20 sujetos que usan solo palos, patadas y piedras. Y no deja de ser curioso, que cuando los sucesos ocurren fuera de la marcha (como el vandalismo a la agencia de Utrahuilca), lo más común es la demora de la policía en aparecer en el sitio, incluso en una ciudad militarizada, con las motos policiales andando como Pedro en casa.

Lo más mezquino del asunto, es que sabiendo el gobierno todo esto, y buscar formas de solucionar las cosas, aprovecha estos eventos para tácitamente desconocer que el estallido social viene de una debilidad institucional histórica, pero ahora se ha sentido más con la ausencia del Gobierno Nacional y su resistencia a escuchar. Por ello, este paro se convirtió en una revuelta popular, una insubordinación espontánea de millares de inconformes e indignados. Multitudinarias marchas en paz, plantones, velatones, motines con una incipiente organización de combate. Es la rebelión de la Primera Línea. Y los portavoces del Poder sólo recalcan la virulencia de unos poquísimos infiltrados y vándalos, como si protestar en este país fuera una procesión del Sagrado Corazón de Jesús o una romería a la Virgen de Chiquinquirá.