apuestas

OPANOTICIAS

Opinión

Utilizar la palabra para construir espacios de dialogo

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha  rehusado  a comprometerse a facilitar un traspaso pacífico y ordenado de poderes si pierde las elecciones presidenciales del próximo 3 de noviembre.

Utilizar
Por: Miguel de Leon 13 Oct 2020

Por: Miguel de Leon

13 Oct 2020

 

En diferentes ocasiones,  se ha negado a aceptar los resultados de las elecciones si gana su oponente demócrata, Según dijo al ser preguntado en una rueda de prensa en la Casa Blanca, «tendremos que ver qué pasa» dadas las sospechas que tiene él de fraude. Lo curioso es que él, como presidente, es quién organiza las elecciones. En Colombia, la senadora por el Centro Democrático (partido de gobierno) Paloma Violencias utilizo palabras duras, que sonaron como una amenaza, contra el excandidato presidencial y congresista Gustavo Petro, a quien le dijo; “No nos imponga su dictadura, porque en este congreso usted no es presidente, ni va a ser presidente de Colombia nunca, gracias a Dios”. 

Es decir Trump llama a la guerra civil si pierde y Paloma le señala a los paramilitares su próxima víctima.  Y así resuelve sus asuntos la derecha y claro, al ser gobierno, ese discurso penetra fácilmente en la sociedad.  La violencia con la cual se da cualquier discusión hace muy difícil que la gente la continúe. Y entonces la gente prefiere adoptar una actitud a invalidar y a atacar a los oponentes, a excluirlos de los debates y discusiones, así como a considerar justificado mentirles o manipularlos con información falsa y con falacias argumentativas. En este proceso de intolerancia, está justificado ponerles etiquetas y apodos a los oponentes políticos, está justificado insultarlos. Pero el tema no solo es de política, sino la sociedad, por eso la fuerza pública abusa, atropella y mata, eso es válido, y el gobierno lo acepta, tal como lo hace el Ministro de Defensa, para quién su única ética; es decir que el sigue ahí, hasta que el presidente le diga. No tiene criterios para afrontar sus decisiones. 

Pero el resto de mortales todos los días vivimos esta intolerancia. Por ejemplo, discuto con un uribista por Facebook, en realidad no lo conozco bien pero él dice que vive en un barrio vecino y de un momento a otro,  en mitad de la discusión cuando ya no tiene argumentos, el tipo me dice “usted vive en tal barrio, yo sé dónde vive!”, mierda, leo eso y un sudor me rueda por la espalda. Me quedo callado y no sigo, pero tampoco lo bloqueo, a ellos no hay que darles la espalda. Y cuando uno pensaba que esa actitud era solo de la uribestia,  me encuentro con que un intelectual de la talla de Delimiro Moreno (yo digo el nombre, no hablo en abstracto) también anda de aprendiz del materife. En una discusión simple, más de forma que de contenido, me responde con sarcasmos, ofensas, mentiras y termina amenazándome. 

Pide que una comisión de la Academia Huilense de Historia vaya a hablar con el Secretario de Cultura o el señor Gobernador; para qué… para pedir mi cabeza por contradecirlo? Si la discusión es conmigo, hablemos, escuchemos, lleguemos a acuerdos, pero no, todavía seguimos con esa actitud de depreciación y menosprecio por el otro, hay que ir a la corte a pedir la cabeza del infame. Y lo escribe públicamente en las redes. En vez de eso, no podíamos sentarnos a debatir?  Por que el papel del intelectual hoy en día, es justamente generar espacios en los cuales las personas de distintos sectores (y distintas opiniones) se reúnan a discutir de una forma muy civilizada, de lo contrario vamos hacia una gran parálisis social y mental en la que tendremos una gran dificultad para tramitar nuestros conflictos.  

En alguna parte leí, que el gran descubrimiento de la neurociencia en el siglo XXI es darse cuenta de que la razón es emocional. Y el problema, es que nuestra base emocional es el resentimiento y el odio; tenemos la idea de que hay un ‘nosotros’ y un ‘ellos’. Dos mundos. Entonces, si no abandonamos la mentalidad amigo-enemigo, si no abandonamos las metáforas de la guerra, no vamos a poder dialogar. Todos conocemos personas con las cuales no estamos de acuerdo, pero eso no las hace enemigas. Lo segundo, es que hay que tener humildad: todos tenemos nuestros argumentos, nuestras razones y evidencias, pero todas estas creencias las enunciamos desde una perspectiva, lo que quiere decir que nuestro conocimiento es incompleto. Si entramos a dialogar con la idea de tener la razón, y de que la otra persona no sabe lo que yo sé o tiene una ideología que no le deja ver la realidad, pues ahí no va a prosperar el diálogo. Tenemos que entrar a discutir con una disposición de mucha humildad. Esa actitud es decisiva para que el diálogo pueda prosperar, así de sencillo. 

 

 

 

 


Loading...