Un nuevo comienzo

Las campañas políticas y la fórmula uno tiene muchas cosas en común, pero una de ellas es que, no siempre gana el que arranca primero, suele ganar quien se prepare mejor.

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En los últimos años, los políticos han fracasado cada vez más en mantener la confianza de su gente. Dado que las redes sociales le han dado a la gran mayoría de las personas el poder de construir su propia imagen pública, las campañas tradicionales que utilizan las herramientas obvias del marketing y la comunicación política se han vuelto mucho menos excepcionales de lo que solían ser.

Cada vez más votantes parecen dispuestos a dar su mandato a aquellos que no parecen utilizar un lenguaje codificado diseñado para convencerlos. Cuanto más auténticos y verdaderos aparecen los políticos, más atractivos se vuelven. Exponerse como una persona vulnerable que puede experimentar el fracaso, que no pretende estar por encima de las masas, será una cualidad apreciada en 2022. Para mejor. . . o para peor.

Los ciudadanos hemos hecho todo lo posible para garantizar que nuestros derechos y libertades no solo se queden en el papel. La solidaridad y el apoyo en todo el mundo, las acciones y el deseo de ayudar en la lucha por la libertad es lo que realmente importa.

El reinicio el mundo al que estamos abocados tiene sus vertientes políticas, sociales, éticas. De hecho, para que ese reinicio se haga efectivo, para que la humanidad pueda enfrentar los retos que se plantea, que son globales; como el Cambio Climático, la desigualdad rampante o la correcta gestión de la Revolución Tecnológica, serán necesarios los consensos y no está claro que sea fácil alcanzarlos.

Atravesamos un ciclo altamente polarizado, y eso que es difícil imaginar una circunstancia histórica que haga más evidente la necesidad de grandes acuerdos. Hubo otros tiempos en los que dentro de la política se daba la cooperación a la vez que la competición, pero se observa, que actualmente los politiqueros han optado por la confrontación constante. Se está cooperando muy mal.

La sociedad está ahora marcada por la incertidumbre y la tensionada. Los partidos son víctima de esta situación, piensan a corto plazo en un mundo muy fragmentado emocionalmente, donde tratan de salvaguardar sus posibilidades de construir gobiernos. El pensamiento a corto plazo, típico de la política y sus ciclos electorales, alentado por la virulencia del debate público, puede ser trágico en un mundo cada vez más cambiante.

Más tarde o más temprano se impondrá la cordura: la complejidad es tan grande y sofisticada que no quedará otro remedio que pensar desde otras perspectivas. Las desigualdades a las que nos enfrentamos en este siglo XXI no son solo las desigualdades materiales clásicas, propias de siglos anteriores. Las desigualdades también son cognitivas, en relación con la tecnología, o tienen que ver con la vulnerabilidad a la hora de hacer frente al Cambio Climático, quien acierte a construir una nueva centralidad verá hacia donde se tiene que orientar la nueva política.