Viernes 22 de Marzo del 2019

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Opinión

¿Solo entendemos con  fuete y con multas?

¿Solo


(Escrito sobre una idea original de la colega Íngrith Niño)

Pareciera que nuestra mentalidad y acaso nuestra misma voluntad solo se moviera con fuete y con multas, que solo obedeciéramos a la parte más primaria del  cerebro –la reptiliana, según algunos científicos modernos de la mente–, la que  dirige nuestros actos biológicos más simples y rutinarios, y no por la que se encarga de las acciones más racionales y civilizadas. 

Lo decimos ante el espectáculo diario del comportamiento de los conductores de toda clase de vehículos en la ciudad, desde las modestas bicicletas hasta las atronadoras motos y los automóviles de última generación, casi ninguno responde a mínimas normas de comportamiento ciudadano dictadas para la buena convivencia entre  seres humanos. No se respetan las normas del tránsito, se violan los semáforos, no se atienden y  hasta se destruyen  las señales elevadas o pintadas en el piso; cada cual se cree dueño único de las vías y no reconoce el derecho de los demás a utilizarlas racionalmente. Es el reinado del “madrazo”, el “a mí nadie ni nada me importa” y el  “usted no sabe quién soy yo”. La anarquía casi total. 

Y las consecuencias naturales: el aumento  de los accidentes de tránsito –especialmente de las motocicletas– y el del número de víctimas, muertos y heridos.

Y no es solo cosa  de las autoridades; es la falta de cultura ciudadana al conducir y al circular por las vías.

Algunos eternos  autoproclamados voceros de la opinión pública reclaman a cada  muerto y herido, que solo es responsabilidad del alcalde en ejercicio y de las autoridades policivas y de tránsito. Quizá no han sido suficientes y no han persistido las acciones de educación de la comunidad; los cursos en escuelas y colegios, los payasos y saltimbanquis cordiales en las esquinas; los comparendos educativos,  las cartillas y los artículos ilustrativos que se distribuyen periódicamente a  los conductores… Cientos de iniciativas puestas en práctica con la mejor intención de acertar.

Todo parece ineficaz. Nada resuelve el problema. Ni siquiera el fuete y las multas. 

Es hora de reflexionar, de que cada conductor  y peatón comprenda que es necesario el acatamiento a unas normas que se dictan y se aplican con la intención de mejorar la convivencia ciudadana. Si queremos que disminuya el número de víctimas, tenemos qué pensar en nuestra propia actitud y responsabilidad No solo en la de los otros y las autoridades.  


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