Primera línea… ¿y después qué?

Me dice que su nombre no importa, que todos le dicen; Desperdicio, porque trabaja en Surabasto, el centro de abastecimiento más grande de Neiva y al final de la jornada, siempre se lleva algunas sobras que los comerciantes desperdician porque no pueden vender.

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Que el banano dañado, aunque no tanto, todo blandito es lo que más le gusta comer. Tiene 18 años y desde los 14 trabaja en lo que sea, pero lo que más sale es cargar bulto de frutas y otros alimentos. Trabaja con su mamá, con quién llega a la madrugada y se regresan juntos todos los días. “Quiero sacar adelante primero a mí mamá y ahí sí vuelvo a estudiar”, dice. Dejó el colegio cuando estaba en séptimo grado, pero que ahora en la Primera Línea escuchando y hablando con otros jóvenes, le dieron ganas de retomar el estudio. Tiene suspendido también el trabajo. “Yo quiero un país mejor”, dice. Es de los más experimentados del grupo. Desde los 12 años ya se enfrentaba con la policía: “Nos dicen primera línea ahora, pero desde chiquito ya me perseguían los policías”, dice. 

Me cuenta que muchos de los jóvenes que están ahí en la Primera Línea tienen antecedentes de malos tratos por parte de la Policía. Él fue detenido una noche, porque les pareció sospechoso el grupo de parceros hablando en la esquina. Cuando estaba en el CAI lo molieron a golpes. “Me dieron bolillo y pata en las rodillas y no he podido jugar fútbol”, una de las cosas que más le gustaba hacer.  Por eso decidió quedarse en las marchas. Quiere evitar que otros manifestantes sean detenidos. “Yo salgo a responderles porque yo sé cómo son ellos. Intervienen también cuando la marcha es pacífica. Y si te cogen te dan como a violín prestado”. La mama lo apoya y le da la bendición cuando sale de la casa, “La cucha a veces ha venido a traer cosas de mercar y casi siempre se queda y almorzamos juntos en la olla comunitaria”. Su abuela se quedó ciega por una enfermedad en los ojos y ahora su mayor miedo es que su mamá se enferme. “En esos hospitales ni rogando lo atienden a uno”. Piensa que, así como pudieron tumbar la reforma tributaria y la reforma a la salud también podrían darles garantías de salud y educación.  

Y como Desperdicio, hay muchos jóvenes en la Primera Línea. Son jóvenes pobres, hijos de la migración campesina que no logró su inserción en la economía y la sociedad urbana a donde llegaban, marginados e invisibilizados, que en estas circunstancias se han empoderado en calles y barrios. A todos ellos, el presidente los ha despreciado sistemáticamente; se ha resistido a oír la gravedad de la tragedia que sufren.  Duque, que suele aplaudir artistas, y a todo el mundo, por lo que sea, parece tener alergia por los jóvenes; no tuvo ni la elemental felicitación que cualquier presidente hubiera dado al héroe, Egan Bernal. En cambio, con su conocida fiebre farandulera privilegia con “puertas abiertas de la casa de todos”, a personajes, como: Tomás y Jerónimo Uribe; Maluma, Esteban Yalta, Pipe Bueno, Carlos Vives, Silvestre Dangond; a músicos y acordeoneros, a todo lo que suene a rumba; importantes sí, pero nunca tanto como los jóvenes de Colombia. Por eso, para los jóvenes el mensaje es claro; existes donde te respetan, existes donde hay dignidad, y nada de esto han tenido nunca entre sus manos. Hoy se han conseguido un lugar de reconocimiento de sus familias y sus comunidades.

Una inmensa mayoría de los colombianos “retratados y medidos” por las más importantes encuestas de opinión, e investigaciones de los últimos días, opinan igual que Desperdicio. Una encuesta reciente del Centro Nacional de Consultoría CNC, para CM&, sobre el pensamiento del Paro Nacional y las manifestaciones desde el 28 de abril, entre jóvenes de 15 a 35 años estableció que el 81% está de acuerdo con el Paro Nacional; y el 90 por ciento cree que las protestas son necesarias para las democracias. Que el 70% cree que «la protesta le ha servido al país; que el 72% cree que el resultado del paro va a ser Positivo”, y que el 76% cree que este tiene objetivos claros. Que el 79.2% desaprueba el tratamiento de la protesta social por parte del presidente, y que el 84.68% conoce las razones que motivaron las marchas.

Es una juventud que se cansó de estar sin oportunidades y sin acceso a los derechos más básicos y que ahora nos da la oportunidad de ver el despertar de los jóvenes para exigir sus derechos y los de sus familias víctimas de la inequidad. Por eso, respaldamos a la juventud, sin embargo, la respuesta del Gobierno ha sido brutal e irracional. Basta recordar cómo después de concertar el despeje de vías, Duque vino a Neiva dando un discurso incendiario donde dijo que el paro está violentando al pueblo y vulnerando los derechos a los ciudadanos, y llamo a que las personas de “bien” no permitan los bloqueos. Además, arrodillo a Gorky, quién esa noche militarizo la ciudad.  Un Gobierno ciego y sordo, en la arrogancia del poder que no conoce nuestro dolor y angustia, cuando pensamos en el futuro de esos jóvenes después del paro y la pandemia; ¿será que la “gente bien” continuará la masacre de jóvenes?  ¿Seguirá la cacería desde camionetas sin placas y con el visto bueno del Gobierno?