¿Por qué los y las productoras huilenses se sienten vulnerables tras la pandemia?

En el departamento del Huila la agricultura familiar representa el 53 % de las unidades de producción agropecuaria (UPA’s). ¿Qué significa esta cifra?

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Más de la mitad de la tierra productiva del departamento, tierra con potencial para la producción de alimentos y con posibilidades de emprender iniciativas productivas, pertenece a pequeños y medianos predios administrados por hogares huilenses. Este dato nos deja entrever el papel protagónico de la agricultura familiar en el departamento, también nos debe llevar a preguntarnos por el estado de estos productores y productoras tras un año y medio de pandemia y restricciones.

Con hogares productores fuertes todo el departamento sale ganando: oportunidades de recuperación y reactivación económica, superación de desafíos sociales agudizados por la pandemia y fortalecimiento del debilitado estado de la seguridad alimentaria. Trabajar en este frente, de manera ambiciosa y sostenida, nos permite aprovechar el vínculo directo que ofrece la agricultura familiar entre los ingresos de los hogares y las capacidades productivas y económicas del departamento.

Pese al tamaño y la importancia de la agricultura familiar, son múltiples las afectaciones sobre estos productores que trajo la pandemia y aún no han sido atendidas, problemas que se suman a los retos estructurales que no hemos logrado solucionar. La formulación de políticas en pro de la agricultura familiar debe partir del diálogo directo y la escucha atenta de los y las productoras del Huila. Es por esto que desde el proyecto Siembra Desarrollo, el cual viene implementando Rimisp - Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural, se ha iniciado una conversación con productores entorno a sus experiencias cotidianas y productivas en los diferentes momentos de la pandemia por covid 19.

¿Cuál es el tema más recurrente con los productores huilenses?  El aumento de precios, y la escasez, de los insumos para la producción. Precios que aumentaron rápidamente con el inicio de las restricciones y que se han mantenido elevados al día de hoy. Sube el precio de los insumos, pero no el precio al que los productores venden sus cosechas: "Como los precios estaban altos y la producción se vendía barata, los productores o las asociaciones se vieron obligadas a parar la producción” (Pequeño productor de Garzón).

La producción se encarecía y la comercialización no ayudaba.  Restricciones en la movilidad, cambios en las rutinas de la plaza, perdidas de clientes y subida en los costos de transporte llevó a la perdida de muchas cosechas. Estos problemas en la comercialización dejaron al descubierto temas pendientes, en los que de haber avanzado lo suficiente, podríamos haber enfrentado mejor esta crisis y las venideras, como la esperada por el cambio climático.

Quedó en evidencia la falta de fortaleza y de capacidades de las organizaciones de productores, las cuales son claves en el poder negociador de los productores para la compra de insumos y la búsqueda de canales de comercialización. Quedó en evidencia también las dificultades para que los productores tengan canales directos de comercialización. Finalmente, quedó al descubierto la poca vinculación de los productores al sistema financiero y a sus opciones de financiación y gestión del riesgo.

Frente a este panorama de grandes retos, pero aún más grandes oportunidades, que representa la agricultura familiar en el Huila, hacemos un llamado a pensar en un modelo de desarrollo rural para el departamento en el que la agricultura familiar sea un componente central y articulador. También debemos actuar de manera urgente con medidas y programas que permitan potenciar la agricultura familiar en el departamento, y así lograr la disminución de brechas sociales, el mejoramiento de la seguridad alimentaria y una reactivación económica sostenida.