Viernes 19 de Abril del 2019

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Opinión

“Pico y placa”, otro atajo

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Los seres humanos tendemos a buscar rutas alternativas para lograr lo que queremos utilizando el menor esfuerzo posible. En la vida cotidiana es conocido como la “cultura del atajo” y los colombianos somos expertos en atajos.

Es una inclinación casi instintiva que nos lleva a hacer las cosas sin sujetarnos a los procesos establecidos. Y esa conducta la mezclamos con otra: la de subestimar a los demás porque nos creemos muy listos, más inteligentes. Estos dos rasgos se expresan incluso en comportamientos cotidianos, como hacer una simple fila en un banco, en una tienda o en una oficina pública. Si la podemos evitar salimos con el orgullo alborotado y dejamos a los demás viendo un chispero. Así está actuando la Administración municipal con el cuento del “Pico y Placa”.

La disculpa son las congestiones que se vienen presentando en la ciudad y uno no entiende como la Administración no hace lo que tiene hacer, más pedagogía y sanción social a los avivatos, en lugar de celebrarlos y de asumir que esa “malicia indígena” es algo positivo. Me explico: en el Código Nacional de Tránsito, por ejemplo, existen normas que regulan el estacionamiento en vía pública, en ese sentido, está prohibido el parqueo sobre andenes, zonas verdes o sobre espacio público destinado para peatones, en vías arterias, autopistas, en vías principales, zonas de seguridad, en curvas y esquinas. Entonces, si ponemos a los agentes de tránsito a hacer cumplir la ley y no solo a perseguir a los mototaxistas, tendríamos avenidas limpias y descongestionadas.

El mismo Código Nacional de Tránsito, habla de otras normas olvidadas y que son fáciles de cumplir. Por ejemplo, se puede estacionar en vía urbanas “lo más cercano posible al andén o al límite lateral de la calzada no menos de treinta (30) centímetros del andén”, y acá los conductores se estacionan lo más lejos posible del andén. Hay que colocar, “en el día señales reflectivas de peligro, y en la noche, luces de estacionamiento y señales luminosas de peligro”, como todo el mundo estaciona el auto, sólo “cinco minuticos” pues, no colocan nada. El dueño de un negocio; “no podrán hacer uso del espacio público frente a sus establecimientos para el estacionamiento exclusivo de sus vehículos o el de sus clientes”, pero acá “el patrón” deja el carro frente al negocio durante toda la jornada laboral.

Lo cierto es que los atajos son engañosos. Solo ofrecen soluciones pasajeras a problemas permanentes. Sin embargo, gozan de gran popularidad en esta era del cortoplacismo, que nos lleva a priorizar los resultados inmediatos sin tener en cuenta los daños colaterales o perjuicios futuros que dicha estrategia pueda generar. A menudo, la prisa y la impaciencia se convierten en las peores consejeras para tomar las decisiones adecuadas y más tratándose de un colectivo. Y el “Pico y Placa” es eso, un atajo para no resolver el problema de frente. No en vano, optar por el camino largo significaría invertir más tiempo, energía, estrategia y trabajo duro del que nos exige cualquier ‘ruta alternativa’.


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