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Opinión

OJO DE LINCE

OJO


La nueva vorágine.

En cinco semanas Duque completa su primer año, durante el cual pareciera que no logra ejercer el gobierno y muchísimo menos el poder por ignorancia sobre los intríngulis íntimos del Estado,  por falta de asesorías más afortunadas, o -quizá lo más grave- porque el implacable propietario de su ingeniería política no lo ha permitido, merced a su patológica ambición de continuar chalaneando su yegua preferida “Presidencia”, sobre la que pretende seguir cabalgando indefinidamente al ritmo del sonsonete de “los más altos intereses de la Patria”.

Ante la estampida de Santos, quien resolvió desde la primera hora zafarse la asfixiante jáquima y aplicar su autónoma decisión de cambiar la balacera, los muertos y los heridos; las viudas, los  huérfanos y los desplazados por acuerdos respaldados constitucionalmente, por la comunidad internacional y las más altas cortes tanto nacionales como internacionales y supraestatales, el siniestro personaje resolvió declararse traicionado, coreado por palafreneros que llegaron al congreso chupándoles rueda a los votos del entonces dueño de buena parte de los escrutinios electorales.

Ocho años después de férrea oposición despiadada, durante los cuales logramos diluir el olor a pólvora y sangre; silenciar los gritos de heridos y  lamentos de familias directamente afectadas por el conflicto, la ideología de la venganza y la zozobra como herramienta política  regresó nuevamente al poder y con ella los crímenes contra líderes sociales, las minas, los asesinatos de soldados, policías;  y los de excombatientes que por miles empezaron a cumplir lo acordado no obstante las permanentes cargas de profundidad que pretenden fracturar los cimientos de la Justicia Especial para la Paz, columna vertebral del proceso de reconciliación.

Hoy, el balance no es para celebrar. Meses despilfarrados defendiendo y argumentando seis obsesiones -que no objeciones- condenadas al fracaso desde el primer día no obstante las artimañas y malabares que pretendían presentar como viable la fantasía leguleya que le endosaron al joven mandatario.

Centenares de reinsertados que resolvieron retomar las armas incitados por grupos delincuenciales o disidentes, y los decepcionados por los incumplimientos estatales o la incertidumbre generada por el bombardeo permanente contra la JEP.

Asesinato permanente de reclamantes, líderes, testigos, declarantes y conocedores de encumbrados personajes que desde seguros escondrijos ordenaron masacres, despojos y violaciones de derechos humanos.

Un ELN retrechero que sabe que negociar con este estado es una aventura incierta porque con armas entregadas y frentes desmovilizados, la extrema guerrerista buscará hacer trizas lo acordado.

Oficiales de la fuerza pública acogidos a la JEP amenazados con sus familias por su decisión de liberar sus conciencias denunciando órdenes atribuidas a altísimos mandos como “No me reporten heridos. Necesito muertos y litros de sangre”. “Cero muertos? Dispare y recoja”.

Una economía estancada, inseguridad creciente, más polarización insensata, mantienen a Duque en caída libre mientras la nave hace agua entre tempestades habilidosamente aprovechadas por insaciables depredadores que en esta nueva vorágine encuentran impunidad jurídica y supervivencia política.  

Parodiando un pensador, “El odio reviste su peor rostro cuando se disfraza con la máscara de la justicia”. Y así, seguiremos absorbidos por el mismo remolino.


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