Oda a ‘San Gustavo’ en la ONU

La población planetaria, aunque no lo crea la ultraderecha criolla y sus correligionarios sobre la superficie terrestre, se vio por momentos conmovida frente a este líder mundial –siempre lo han reconocido así la comunidad internacional y la academia más avanzadas del orbe- que le recordó en la ONU, ‘le restregó en la cara’, su responsabilidad criminal en el estado agónico que presenta la Tierra.

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El vil metal (el estiércol del demonio) se recrea como el fin último en la travesía humana de esta era, sin importar a qué precio... Las escrituras pueden darse por bien interpretadas en sus efectos psíquicos, a instancias de sus anuncios sobre la transitoriedad y la catástrofe, sobre la tribulación, aún en ese foro geopolítico cumbre cumplido en los últimos días. El portavoz oficial de Colombia, Gustavo Petro Urrego, puso por igual en ridículo, con la discreción del sabio, el orden que rige los territorios y las selvas, encabezadas por la Amazonía, en medio de una matanza miserable de las plantas y de los árboles, a manera de sentencia condenatoria jurisdiccional, asociada a la reproducción insufrible del dinero y al mismo ejercicio del poder, del dominio de las masas. A nuestro juicio, en medio de esa alta operación de cirugía política propuesta por Petro se dibuja la espiritualidad más pura y simple que jamás el hombre haya asumido con firmeza, en su esencia místico-filosófica, en su origen sagrado, en sus creencias y en su fe a través de los siglos precedentes. Petróleo, carbón y cocaína son venenos letales cuyo uso debe replantearse si queremos continuar con vida algunos años más, en semejante desgracia consentida por el reino humano, aunque los plazos de una reacción salvadora se venzan pronto, dejó entrever en su intervención. Gustavo Petro Urrego la sacó del estadio con su prédica, con muchos elementos poéticos, y plena de espiritualidad real, no farisea -como estamos acostumbrados al exteriorizar la vocación del alma-. Se puede verificar, sin temor a equivocarse, la presencia del aciago punto de no retorno, de inflexión, si se trata de dar continuidad a la vida terrena, en virtud de un modelo económico demoniaco de acumulación de capital y por la destrucción que conlleva su práctica. La codicia y la ambición se salieron de madre y se convirtieron en el mayor fin de la existencia, entre muestras de frivolidad y arrogancia. No podría ser más reflexivo ni más profético el  ‘sermón’ hagiográfico (santificado) de Gustavo Petro Urrego, quien en últimas se aparta de ese materialismo ramplón que se le endilga con mala intención y con perfidia de clase en muchos círculos elitistas, neonazis, sin conocimiento de causa. Su vena de caudillo lo proyecta en las actuales circunstancias globales hacia la posteridad.    

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