Neonazis salen del closet

En Colombia no es tan nuevo que digamos el hecho de mostrarse, desde la fuerza pública, muchos individuos que cultivan la práctica nazi, abierta y desafiante, al mismo tiempo que transcurre un gobierno ultraderechista y favorecedor de esa ideología destructora como el de Iván Duque –léase de Álvaro Uribe (‘el führer’ criollo)-.

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Todo en medio de una agonía propia del sol a las espaldas en su cuatrienio presidencial y de un descrédito indefensable, a juicio de la comunidad internacional crítica. La supuesta pataleta del presidente Duque cuando se rasga en público las vestiduras para condenar a los policiales involucrados en ese episodio del nacional socialismo vigente aún, tiene más de engaño que de verdad.

Son las salidas en falso a las que nos tiene acostumbrados, igual que los demás miembros del gobierno que dan palos de ciego cada vez que hablan para salir a apagar incendios, en cuanto reniegan de su propia naturaleza ideológica, aquella que los distingue ante el orbe partidista, sin equívocos.

 

SALEN A LA SUPERFICIE

La época actual difícilmente puede mantener lo oculto tras el velo del anonimato forzado. Las cartas y la suerte están echadas en dirección a despertar conciencias y a presagiar cambios, aunque Colombia es un país impredecible en el ánimo transformista, pese a unas mayorías de jóvenes con el derecho pleno a votar, como nunca antes lo tuvieron. Mientras esto sucede, por estos días las fuerzas de seguridad están pelando el cobre, y su despliegue germánico es lo más parecido a un espectáculo, a un show mediático, al interior nada menos que de una escuela policial de Tuluá, en el Valle del Cauca. La manifestación de fuerza no puede ser más explícita de cara al rumbo que toma el país, de lo que nos espera como sociedad de esta tercera década del 2021, si lo permitimos en medio de la estupidez política.

 

ANTECEDENTES REGISTRADOS

Un episodio del anterior gobierno nacional también dejó al descubierto el carácter nazi de la policía, con varias referencias sobre actividades afines a ese manejo sinuoso del poder en los cuarteles.

En paralelo, se venía hablando de lo conocido mediáticamente como ‘la comunidad del anillo’ (denuncias sobre un abierto tráfico homosexual en la institución armada, no esclarecido por la justicia ordinaria). Se cumplía la comandancia policiva del general Rodolfo Palomino, aunque ese hecho no pasó a mayores ni causó tanto revuelo, al parecer.

Ahora, más de un gobierno después, es inútil ocultar el sentido tremendamente fascista del partido de gobierno y del ejecutivo en funciones constitucionales, a partir de los hechos que lo confirman, tozudos, en seguidilla.

Por último, en gracia de análisis, retomamos la Historia en una breve consulta: La profesionalización de las fuerzas armadas comenzó en el periodo de la paz armada de la primera posguerra, ‘…con la asesoría y el modelo de la Alemania militarista de la primera guerra mundial.

El paso marcial en varios países y los uniformes, son los mismos de los oficiales alemanes de aquella época…’N. de R.: A nuestro leal saber y entender, la policía en Colombia tiene un abierto carácter militarista, y está sujeta todavía al Ministerio de Guerra, de Defensa (Fuente bibliográfica: Historia y Geografía del Mundo, Augusto Montenegro González, Editorial Norma, 1992).