Más tiempos peligrosos

Humberto de la Calle Lombana, aspirante al Senado y ex negociador de paz con la hoy extinta guerrilla de las Farc, acaba de denunciar el repliegue-retiro inexplicable, a su juicio, del ejército nacional en vastas regiones del noroeste de Colombia.

alt=

 

Incluso de algunas zonas centrales conectadas por la agreste geografía criolla: en el fondo, también incorpora territorios inexpugnables por un relieve único en el planeta, de riscos, montes y collados, abismos entre cordilleras, parajes ultramontanos si se quiere... Coincide la angustiosa alerta del ex vicepresidente de la República con la conferencia episcopal y sus voceros eclesiales autorizados, que acaban de revelar ante el mundo civilizado la generalización del conflicto, la matanza de raizales sin solución aparente, lo mismo que la permanencia del éxodo fatalista en las comunidades, pese al acuerdo de paz.

El dominio paramilitar se consolida (aunque siempre lo ha estado, en especial durante este gobierno complaciente con los grupos armados de extrema derecha) en áreas como el Urabá Antioqueño, el Chocó, una buena parte del Pacífico, y los departamentos en proximidades de la línea oeste que presentan un contagio ideológico, proclive a las masacres de civiles indefensos. Es algo así como la pólvora navideña autorizada para celebrar el dominio de hartos grupos poderosos empotrados en los exóticos mecanismos del ejercicio de la  autoridad y de presencia del Estado, más allá del último cuatrienio ‘institucional’ transcurrido...

 

LA TRIBULACIÓN CRIOLLA

Cada vez más, la maldad monstruosa muestra sus fauces sanguinolentas en el país.

Los tiempos llegados comportan una alta dosis de peligro para muchos connacionales a quienes percibimos tan sólo en las lejanías acostumbradas históricamente; el afán de los pobladores de la ciudad y de pequeños núcleos urbanos, y de una parte de la ruralidad, se reduce al ‘estreno’ y al intercambio generoso de regalos, al dominio hedonista de la abundancia con pretexto religioso, en nombre de la natividad del Señor.

No obstante, es poderosa la tradición a través de unas fuerzas casi ciegas, multitudinarias, que incluso se pueden adjudicar al consciente colectivo, temporal, más de carácter contra-espiritual, pagano, cuya desaparición sin embargo se estima en el tránsito de un corto tiempo calendario, con algunos amagos de materialización a partir del 2022, supuestamente en un abrir y cerrar de ojos, merced a la volatilidad del tiempo actual, a la llamada frecuencia Schumann, que acelera las agujas del reloj.

El día completo que conocimos ya no es el mismo de las 24 horas continuas. Las experiencias próximas podrían ser macabras, espeluznantes, y no sólo al tenor de las escrituras y de los profetas que hablan de la mentira y la abominación, de la locura colectiva, de la violencia ordinaria. Nuestro país parece ser una de las sucursales del Apocalipsis, aunque lo midan como uno ‘de los más felices del mundo’, y lo peor: que nos lo creamos…