Los mordiscos en tránsito

Podría explicarse en buena parte la evasión del SOAT y de la revisión técnico-mecánica –con su consecuente carga de muertos, heridos, lisiados- por la práctica de las mordidas (coimas) habituales, hasta el momento, en los organismos de control: guardas, agentes, policías y ‘chupas’, de tránsito -seguramente con honrosas excepciones-...

alt=

Que hacen la vista gorda ante la ilegalidad, desde el siglo pasado.  Algunos de estos funcionarios tienen más plata que un cura viejo y la mueven por el sistema de gota a gota, empleando a sus seres queridos en el negocio, sin escrúpulos. Desarrollan actividades crediticias en los centros comerciales populares y en los sectores de la informalidad urbana. Llegan a invertir inclusive en las campañas políticas para asegurar su poder operativo, su permanencia en cada periodo ejecutivo escogido en las urnas, y hasta se pliegan con antelación a los candidatos mayoritarios en las encuestas de favoritismo partidista. Facilitan el despeje de las vías urbanas para que circulen libremente las caravanas acompañantes de los líderes en camino al solio. Es fácil ver a sus emisarios y empleados al lado de algunos prestamistas matones, paralelos, de lavadores de dinero sucio, con origen en los negocios turbios. Así las cosas, en  transgresión se encuentra la mitad de los vehículos que ruedan por las vías del país, según las últimas cifras reveladas por el actual gobierno, aunque no es la primera vez que se divulgan éstas en los medios y en las redes sociales: un 47 por ciento de la revisión y más del 50 del SOAT convierten al país en un temible cementerio vial, en muchas ocasiones.

LOS ‘BORRADORES’ CON LLANTAS

Para una sociedad seria y democrática en su conjunto es inadmisible que, por ahorrar costos de mantenimiento y legalización, de registro y control, las tracto-mulas, los doble-troques, los vehículos cisterna  y otros sistemas de carga pesada, falseen su estado mecánico (por ejemplo, el mantenimiento de los frenos y la renovación de las llantas) y rueden  libremente a velocidades espeluznantes. En la cultura popular nuestra funcionan como ‘borradores’ en la carretera. Es una sentencia a muerte a los demás mortales que se crucen en estos caminos de Dios con los también llamados a través de la historia, con algo de crueldad aceptada, ‘choferes matones’. No existe explicación razonable sobre la circulación diaria de vehículos sin portar el seguro obligatorio de accidentes, genuino, cuando la tecnología facilita ubicar a quien sea, donde sea: los escondites en esta era ya no funcionan. Estas circunstancias anómalas cumplen varias décadas sin ser intervenidas por el gobierno de manera eficaz, tal vez por la corrupción rampante en los organismos de tránsito. La administración Petro anuncia una cacería de infractores y un consecuente trámite de procesos ejecutivos contra los incumplidos, a domicilio, algo que muchos motoristas al parecer no  esperaban del Pacto Histórico en funciones. El presidente colombiano replantea así los alcances de una sociedad civil educada para el equilibrio, finalmente para la paz total en su convivencia cotidiana.