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Los fantasmas de Goya

Uno de los grandes privilegios de haber vivió en la 2ª. mitad del siglo XX y comienzos del XXI es el de disfrutar del apogeo y esplendor del 7° arte: cualquiera de las grandes producciones cinematográficas salidas de las Mecas del cine, ya sea en Norteamérica o en Europa

Los
Por: Mai Editor 04 Sept 2020

Por: Mai Editor

04 Sept 2020

 

Uno de los grandes privilegios de haber vivió en la 2ª. mitad del siglo XX y comienzos del XXI es el de disfrutar del apogeo y esplendor del 7° arte: cualquiera de las grandes producciones cinematográficas salidas de las Mecas del cine, ya sea en Norteamérica o en Europa, nos trasporta a otros mundos, nos sumerge en el meollo de los grandes problemas del ser humano de todos los tiempos y nos deslumbra con su maravillosos recursos artísticos y sus sorprendentes avances tecnológicos.

Con la exitosa cinta hispano-estadinense de 2006 “Los fantasmas de Goya”, pudimos recuperar los eventos históricos de la península española a comienzos del siglo XIX, rememorar las obras de uno de los más grandes pintores de todos los tiempos, don Francisco de Goya y Lucientes, y sumergirnos en ese universo tortuoso del llamado Santo Oficio, el tribunal de la Inquisición, nunca suficientemente comprendido.

Dirigida y producida por uno de los más recordados genios del cine, el checo Milton Forman y con la destacada actuación de artistas de la talla de Javier Bardem (3 óscares) y Natalie Portman ( 6 óscares ), la película nos permitió entablar un agradable intercambio de saberes y opiniones entre los integrantes de la Tertulia Virtual “La Gruta Cultural”, liderada por nuestro amigo y galeno Germán Liévano Rodríguez.

Al no haber podido invadir a Inglaterra como era su intención imperial ( y como le sucederá más de un siglo después a la Alemania nazi ), Napoleón decide hacia 1808, bloquear el acceso de los barcos mercantes ingleses a los puertos del continente con el fin de arruinar su economía. Ante la desobediencia de Portugal, Napoleón no duda en atravesar España, anexándola de paso a su imperio al nombrar como rey a su hermano José Fernando. El ejército español fue derrotado básicamente por la falta de liderazgo de los Borbones, quienes, sumidos en disputas familiares, fueron incapaces de impedirlo y prefirieron tomar las de Villadiego. Pero el pueblo español, los campesinos propiamente, le presentaron una decidida y desigual resistencia al invasor, pagando caro su osadía, pues la brutalidad con que respondieron los franceses llegó a límites increíbles de inhumanidad, que fue denunciada por Goya en su impactante serie de pinturas “Los desastres de la guerra” , con cuadros como “Los asesinatos de la montaña del Príncipe Pío”, o los cadáveres mutilados y colgados de los árboles para escarmiento de los aldeanos, en cuadros como “Gran hazaña, con muertos”. Los franceses serán expulsados de la península (primera derrota del ejército napoleónico ) en la llamada Guerra de la Independencia,  con la ayuda de los británicos y los portugueses.

Mientras tanto España está sumida en la noche oscura del fanatismo, representado por la Inquisición, una estructura de terror y de tortura ( que se replicó en cada una de sus colonias americanas ) llegando a su vez a excesos tan reprobables que hoy se recuerdan con horror. Ser acusado de herejía o de tener ancestros judíos o de estar vinculado al islamismo, así fuese una leve sospecha, era causal de ser sometido a todo tipo de vejámenes para obligarlo a confesar lo que el torturador quería hacerle reconocer, y ser encerrado de por vida en las tenebrosas mazmorras de la época o condenado a muerte pública en los tristemente recordados “autos sacramentales”.

Éste es el ambiente en que se desarrolla el relato fílmico, parcialmente imaginario pero entremezclado con hechos reales: una de las hermosas jóvenes que servían de modelo al pintor es intencionalmente acusada por uno de los más influyentes miembros de la Inquisición, el Hermano Lorenzo, con el perverso propósito de aprovecharse sexualmente de ella cuando después de la tortura hubiera confesado y él pudiera representar para ella la posibilidad de salvación, cosa que él nunca pensó cumplir.  Ante la negativa de reparar la injusticia, la familia tiende una trampa al religioso haciéndolo confesar por escrito mediante tortura una herejía, para acusarlo ante el mismo tribunal del que él formaba parte. Obligado a huir para escapar del castigo de la Inquisición, llega a Francia en los tumultuosos años de la Revolución, a la cual se vincula y logra ocupar un puesto destacado entre los funcionarios del Emperador.  Regresa a España 15 años después, nombrado Fiscal General en el gobierno de José Fernando y toma venganza de sus antiguos compañeros de la Inquisición, haciéndolos condenar a muerte. Pero ante la derrota francesa y la llegada del ejército inglés, intenta huir con su familia, siendo apresado por los campesinos, sometido a juicio por el mismo tribunal de la Inquisición que ha vuelto a funcionar, y muere en la plaza pública ante el aplauso de la multitud, a través de la tortura inenarrable del “garrote”. Solo la muchacha de la que él abusó en la cárcel y que después de 15 años de prisión ha enloquecido y sigue convencida de que él la amaba porque le dio una hija a la que ella sigue buscando mientras él trataba de hacerla desaparecer, acompaña su cadáver en la carreta del enterrador, tomándole la mano mientras los chiquillos entonan rondas alusivas a su muerte.  

Enjundiosas conclusiones extrajeron del filme los participantes de la exhibición en el debate del cineforo. En 1° lugar sobre esa repudiada institución de la Iglesia que condenó a prisión y a la muerte de manera tan injusta a miles de personas a lo largo de más de 6 siglos ( desde el XIII hasta el XIX ), el uso de la tortura para sacar confesiones como parte de los interrogatorios procesales, la vaguedad e imprecisión del sistema acusatorio y la negación del derecho a la defensa, el ambiente de terror que propició como instrumento de poder, la implantación de costumbres aberrantes como el espectáculo de las ejecuciones públicas, son hoy motivo de fundamentado rechazo universal. Pero una mirada más desapasionada y más en perspectiva histórica, debe reconocer que la Inquisición fue un engendro de la monarquía (equivocadamente asumido por la Iglesia) de mantener la unidad nacional y contener los enfrentamientos religiosos, en uso del principio “Cuius regio eius et religio” (la religión del reino es la religión del rey). La tortura era un recurso utilizado en todas las legislaciones durante el medioevo y hasta bien entrada la modernidad, solo eliminada en el último siglo.

En 2° lugar las contradicciones históricas que parecen sugerir que el péndulo sigue rigiendo el destino de los pueblos: mientras la España de comienzos del XIX considera heroica su lucha por la independencia, niega a sus colonias de ultramar el mismo derecho e intenta enviar un poderoso ejército para reconquistarlas. Mientras la Revolución Francesa ha guillotinado a sus reyes y a miles de miembros de la nobleza para acabar con el sistema feudal, Francia vuelve a coronar no solo un rey sino un súper-rey, emperador, un rey de reyes y después de condenarlo al destierro, trae su cadáver para hacerlo pasar por el Arco de Triunfo y prolongar en el trono a sus descendientes, Napoleón II y Napoleón III.

En fin, una agradable velada reviviendo una espléndida muestra del buen cine, que ojalá podamos repetir en los próximos meses.

 

 

 

 


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