Lideresas sí, politiqueras no

El título de estas letras lleva a diversos análisis, he escogido iniciar con la pregunta que podría dar un abordaje al tema en mención: ¿Hasta cuándo los politiqueros machistas impedirán la inclusión digna de las mujeres en espacios de poder?

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Muchas personas dirán, pero ¿qué más quieren, si ya tienen el mundo invadido? Pues la paridad está lejana, vivimos aún en territorios desiguales donde mujeres cualificadas reciben una menor remuneración que los hombres en diferentes cargos y especialmente en los gerenciales. En otros, el único liderazgo de la mujer está limitado al contexto familiar. La historia informa que las mujeres no se situaban auténticamente como sujetas, sino como un objeto contenido en un universo masculino.

A pesar de algunos avances, la humanidad sigue enmarcada en modelos de desigualdad; por ello las mujeres, aunque hemos logrado espacios en escenarios políticos, académicos, culturales o sociales, tenemos mucho camino por recorrer en la reivindicación de nuestros derechos y en el logro conjunto de la equidad y la igualdad. La lucha feminista en el debate político permite que la igualdad deje de ser discurso y populismo legislativo puro y duro, y se convierta en políticas públicas reales de formación, capacitación y empoderamiento de las mujeres en el mundo de la política y la economía.

En la conocida ley de cuotas en el tema electoral, que es precisamente, una de las cuestiones que más preocupa por ahora a los partidos, porque asumen y creen en muchas ocasiones que no es muy fácil conseguir mujeres que deseen participar en política y, en especial, estar activas en una campaña como candidatas, ¡se equivocan!, eso no es ‘paridad’, las mujeres no pueden ser consideradas ‘rellenos’ en las listas, merecemos respeto, una real inclusión y empoderamiento.

Aparte del machismo, muchas mujeres no están preparadas para ver a otras ascender, porque se niegan a vivir desde la sororidad, además, porque les cuesta salir del patriarcado, pareciera mejor seguir adhiriéndose que atreverse a luchar por la transformación. En ello hay que tener especial cuidado, pues la cultura de igualdad es un llamado para hombres y mujeres; es peligroso que las mujeres lleguen al poder político replicando los arquetipos machistas que tanto daño han hecho a la humanidad. Es fundamental que lleguen al poder político las mujeres autónomas, sororas y decididas a no trabajar a favor de esquemas machistas que impiden la proyección de sus capacidades y el ejercicio libre del poder público, es momento de que las mujeres hagan la transición de lo privado a lo público con libertad y el goce pleno de sus derechos.

No más mujeres lanzadas al estrellato politiquero por empresarios y políticos que solo buscan hacer de ellas un instrumento para su propio beneficio.

Se necesita el liderazgo y la creatividad de las mujeres en la política para seguir avanzando hacia una genuina transformación social.