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Opinión

Las letras en cuarentena agónica

Sí. Son como un cadáver insepulto y huelen mal para los que nos preciamos de una formación purista en el manejo del lenguaje, desde los primeros años.

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Por: Fernando Amezquita 10 Nov 2020

Por: Fernando Amezquita

10 Nov 2020

 

Los que nos criamos como ratones de biblioteca y sacrificamos, al iniciar el bachillerato, las horas de recreo leyendo clásicos, no aceptamos la muerte precipitada del idioma español. Pero se supone que es un asunto exclusivo de la sociedad colombiana, enrevesada y bestializada por las redes.

Es un fenómeno único en el mundo global, asegura Marco Alirio Carrasquilla Rivera, concejal de Neiva, cuyo emporio nació de la venta de libros, y agrega: ‘En el exterior, al lado de la internet, las sociedades continúan devorando libros y así mismo actúan desde la cultura, con bastante fuerza distintiva, propia’. Aquí la gente dejó de leer, pese a que escasamente leía un libro y medio al año, una cifra irrisoria, incluso para la que fuera considerada la Atenas suramericana (Santa Fe de Bogotá), objeto de estudios de filología, durante la añorada época del maestro Luis Flórez (becado en los Estados Unidos para optar al título profesional en la materia), en virtud de su excelente manejo del lenguaje.

Su obra cumbre registraba el manejo del idioma en la Sabana y, por extensión, en el altiplano cundiboyacense. Se sabe hoy que el filólogo mayor del país terminó sus días en Armero antes de la tragedia, en 1985. Por poco lo arrastra la avalancha de noviembre, en medio de la madurez plena de la sabiduría, cuando se reconocía en su justa dimensión a los hombres sabios de una época que no volverá, de acuerdo con el giro que toman los acontecimientos en el 2020 y con las advertencias del profeta milenario. Natural de El Líbano, Tolima, llevó el apellido de su señora madre, tras la negativa de su padre para reconocerlo como hijo ‘legítimo’, entonces.

Su progenitor era, a la sazón, un distinguido descendiente de la estirpe de La Parra de La Parra, de los fundadores eméritos de su tierra natal, de su  patria chica, una próspera área cafetera tolimense enclavada en la montañosa zona norte, en calidad de colonizadores antioqueños. Luis Flórez es citado como invitado de honor en las obras de los grandes autores de diccionarios de dudas e incorrecciones de la lengua española. Las imágenes de estos prohombres del lenguaje permanecen hoy entre las brumas del olvido –parecen ahora ser seres fantasmales cuya morada se ilumina en el conocimiento eterno de las lides literarias y del arte primordial de la escritura –.

Vemos que, al parecer, en el planeta la agonía afecta por igual a los múltiples ámbitos de la actividad estética, en últimas, de la belleza-. Es como esa parte horrible del ser humano en declive, o en un proceso de cambio, aunque esa involución tenga defensores de oficio en muchos tecnócratas, igual que en los opresores globalizados, quienes no ocultan sus expectativas por lo que se viene en el mundo (está fríamente calculado en las sombras), no necesariamente impredecible para ellos, más allá del propio apocalipsis, que camina paralelo y coquetea con el destino de los hombres.

 

 

 

 

 

 


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