Las costumbre interesadas, en Neiva

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Las costumbre interesadas, en Neiva


Algunos fenómenos sui géneris ocurren hoy en esta capital y afectan a algunas mascotas convivientes con nuestro entorno doméstico.

De varios ya hemos hablado en las columnas semanales, y se consolidan al parecer semejantes a las modas, pues se generalizan en amplios sectores urbanos. Tal vez se trate de asuntos propios de la gente de este milenio, de este siglo, que puedan parecer estrambóticos, incluso estrafalarios, a los ojos de personas mayores cuya comprensión tiende a ser distinta y sujeta de alguna manera a las tradiciones (ahora moribundas por el impacto del cambio en curso) que consignan el respeto a las múltiples formas de vida humana y no humana (el tema perruno nos ocupa esta vez). Aunque se asegure que la realidad del mundo varió, para bien o para mal, son hechos difíciles de aceptar en cuanto están vinculados al dolor de los seres vivos involucrados con tales usos, sin descartar a los mismos victimarios en razón de su indolencia con la naturaleza. No importa, en términos prácticos, que semejantes circunstancias produzcan perturbación, contaminación, malos tratos y hasta la muerte de los canes en comento. Su trasfondo tiene que ver con negocios que dejan gruesas sumas de dinero en utilidades, aunque surtan efectos de perversión y de maldad en la sociedad de la época en tránsito.

LOS PERROS ‘MAMONES’

Entre ellos tenemos el de la inusitada proliferación domiciliaria de perros de raza –tanto que al menor descuido, sujetos inescrupulosos se los vienen robando (ya formaron mafias, como si faltaran más de estas en el país) y los exportan por centenares a sitios como México-. Las autoridades retuvieron allí un tracto-camión con unos 250 perros apiñados, procedentes de Colombia, durante la última semana, de acuerdo con un reporte de la prensa azteca. Es posible que estos animales desgraciados sean sometidos a una ejecución masiva de corte sanitario, para evitar una supuesta epidemia, luego de ser internados en un refugio canino no estipulado, improvisado en la zona fronteriza. Eran todos caninos de raza, adquiridos para reproducción masiva de sus cachorros en sus lugares de origen, sin otro fin que el negocio, sin escrúpulos, pues su presencia hogareña no se relaciona con el animalismo, o con el amor a esas criaturas, estima Argemira Tovar, animalista y fuente receptora de un informe privado sobre el asunto. ‘Hay más perros que gente en el condominio’, dice por su parte una maestra residente en el edificio San Juan Plaza, al norte de la ciudad, luego de contar hasta tres perros en cada apartamento. Esa población de caninos de ‘marca’ se puede por igual observar en amplias zonas del nororiente de Neiva, comuna dos, donde su encierro doméstico obligado en áreas reducidas, en antejardines minúsculos de cemento y rejas, los somete a un cruel maltrato, una condición que los conduce al desespero de ladrar todo el día sin detenerse, en medio del estrés. Por supuesto, la perturbación originada en ese ruido contaminante de mascotas –prohibido por la ley desde 2013- se torna intolerable al oído humano. Existen vecindarios en áreas como Santa Mónica, Capri y Solaris, que aguantan ladridos desde las nueve de la mañana hasta las once de la noche, cuando algunos propietarios desfilan con sus mascotas por las vías públicas interiores, aunque la mayoría de los perros permanece encerrada. ADDENDA: Aclaramos que somos amantes y defensores a ultranza de los animales, entre ellos los caninos a los que hemos apoyado durante muchos años a través de las organizaciones protectoras de Neiva y mediante costosos esfuerzos individuales. Sin embargo, estamos ante un fenómeno de hacinamiento novedoso. En la última zona mencionada –vecindarios de Santa Mónica- pueden existir unas 200 unidades residenciales con hasta tres perros de raza por domicilio. Es conveniente realizar un censo, promover la educación de las comunidades y desarrollar una intervención pública urgente. El municipio deja el lío en manos exclusivas de la policía ambiental, pero su esfuerzo institucional es insuficiente.

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