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Opinión

La soledad del poder

Por estos días en Colombia, son muchos los funcionarios que ostentan cargos públicos de elección popular y que tienen sus horas contadas en ese mandato entregado por el pueblo.

La
Jorge García Quiroga Por: Jorge Garcia Quiroga 02 Jul 2019

De la algarabía de sus campañas hace cuatro años aproximadamente y las ínfulas de poder soportados en el respaldo electoral recibido, a la soledad y el desconocimiento de quienes los apoyaron y por obvias razones de quienes no lo hicieron.

Sin querer entrar en un debate sociológico sobre la definición del término poder y tomando como referencia una de ellas; como la capacidad de ejercer un dominio hegemónico sobre uno y/o varios individuos; quiero referirme a un comportamiento repetitivo de la mayoría de los actores en las esferas del poder, en este caso el político. Esa sensación de tener poder, pero sentirse solo, que experimentan por estos días, quienes hacen parte especialmente del poder ejecutivo, es históricamente natural, así como el comportamiento despectivo, inconformista, decepcionante de sus electores, incluso lo que algunos consideran traicion de quienes catalogaban sus amigos.

Estos comportamientos no son nuevos, Nicolás Maquiavelo un escritor, filósofo y político italiano, en su libro “El príncipe” nos muestra desde la época renacentista diferentes situaciones de poder que se viven en los principados, pero destacó especialmente el contraste de los episodios de armonía en las tropas para lograr mediante las armas imponer un príncipe; a la soledad, el menosprecio y el odio una vez logrado el objetivo. Se plasma la importancia de las virtudes en el ejercicio del poder, advierte que poseerlas es bueno, pero que es más importante aparentarlas, la mayoría de la gente solo juzga por las apariencias y los resultados, de allí que se atribuya a Maquiavelo la frase “el fin justifica los medios”, dando origen al término maquiavélico, muchas veces lo utilizamos cuando nos referimos a prácticas inmorales o malévolas.

Es común encontrar esos gobernantes que eran adulados por las multitudes, solos en sus despachos, con el desánimo de participar en las actividades sociales, porque siempre resultará un elector inconforme que lo hará pasar un mal rato, de las celebraciones multitudinarias de sus cumpleaños en el primer año, a los reservados encuentros con quienes les hablan al oído.

Resulta difícil determinar si la situación que viven por estos días quienes nos gobiernan obedece a la soledad del poder o la soberbia de quien lo ostenta, independientemente de las circunstancias, esa ruptura con su electorado, genera angustia, erosiona su confianza, no permite el trabajo en equipo, el consenso ya no existe, la ideas generales no fluyen, ahora priman las personales y el líder democrático se muestra como autoritario y sumido en la soberbia.

La tranquilidad debe perdurar, tanto para los gobernantes como para los gobernados, pues a estas alturas sólo el tiempo determinará si ese sentimiento mutuo, tenía sentido, pues es el mismo, el que castigará (electoralmente) o premiará quien a conciencia, halla realizado su trabajo y ese pensamiento de querer entregar sus cargos lo antes posible, se apagará con otra aspiración, cuando sean comparados con sus sucesores.


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