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La mentira de la virtualidad

Del latín virtus (“fuerza” o “virtud”), virtual es un adjetivo que, en su sentido original, hace referencia a aquello que tiene virtud para producir un efecto, pese a que no lo produce de presente. Por eso, en esta Pandemia real, todo se volvió “virtual”.

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Por: Miguel de Leon 21 Jul 2020

Por: Miguel de Leon

21 Jul 2020

 

Sin embargo, contradiciendo su definición, todo sigue estando presente, es decir todo es presencial, pero visto por un público que igual, está presente. Un ejemplo, es la tal educación virtual, Al revisar las cifras de conectividad en la educación básica y superior se encuentran brechas inmensas;  solo alrededor de un 26% de los estudiantes en zonas rurales tienen conectividad frente a un 89% en zonas urbanas. Y el trabajo de los profesores es físicamente presencial un 100 % pero igual, la tecnología no es un fin, sino un medio para el ejercicio de la práctica docente; la didáctica en la virtualidad implica concebir ritmos de aprendizaje, modificar el rol docente, trabajar tendencias educativas para la mediación tecnológica, flexibilizar la evaluación, entre otros aspectos.

Lo cual nada se está haciendo. Y las dos palabras que definen la virtualidad son innovación y la reinvención. Sin embargo, la innovación se ha vuelto un asunto de incorporar tecnología en nuestras vidas, como se hacía, incluso antes de la pandemia, pero no se tiene  una visión clara sobre el cambio que se quiere lograr y unas condiciones mínimas para lograrlo. Y este reto supera la burocracia recién llegada a posiciones de poder, tal como se vio en el caso de la Secretaria de Cultura de Neiva. Contra el sentido común, organizo un Festival Folclórico del Bambuco. Evento que se inauguró en la Plaza Cívica, donde el alcalde, Gorky Muñoz abrió el evento dando un saludo a los neivanos. “Este será el abrebocas de una agenda virtual que fue diseñada para el goce de quienes amamos nuestras fiestas”.

Explicando cómo se realizaría este evento, la Secretaria de Cultura de Neiva, Marcela Bobadilla, indicó que  “los eventos se realizarán sin público y que para ello, las presentaciones culturales, la interpretación del sanjuanero huilense y las puestas en escena de las carrozas, se realizará de manera virtual”. Pero los dos, alcaldes y secretaria, mienten desde su ignorancia, porque  nunca fue un evento virtual. Fue un evento presencial, donde grupos y personas se presentaron y se transmitió en redes sociales y medios locales. Fue algo vergonzoso y denigrante, un desfile folclórico donde los únicos espectadores fueron los policías y los funcionarios de la alcaldía. Sin embargo se insistió en decir, que era un festival virtual. Incluso, la alcaldía invitaba a "pegarse la rodadita por Facebook live porque así nos tocó en esta oportunidad”. Pero los eventos fueron presenciales, por ello, se dijo que de  29 candidatas al menos una dio positivo para COVID-19. O sea el virus si hizo presencia, no fue virtual.

La desorientación de la mayoría de la sociedad en medio de esta pandemia va de la mano con un rasgo que suele destacarse por aquí, por allá y por acullá. En concreto, se trata de que el cambio repentino de la vida presencial a su modalidad no presencial de emergencia ha doblado la duración de la jornada laboral, por ejemplo,  lo que significa que muchos trabajadores suelen mostrar hoy por hoy signos de fatiga y estrés, algo que suelen manifestarse, entre otros síntomas, con la nostalgia que experimentamos por volver a estar en nuestra cotidianidad con otras personas normales a nuestro lado. Hace poco, leí este comentario de un estudiante universitario; “El aprendizaje virtual definitivamente ha afectado mi aprendizaje porque me falta compromiso con la clase y mis compañeros; el aprendizaje virtual es muy monótono. A pesar de que mis amigos y yo estamos conectados a la Internet, no nos vemos, no podemos hablar entre nosotros, simplemente vemos al maestro presentando el tema central”.

Es decir, la virtualidad mal entendida y pesimamente aplicada, nos está llevando a extrañar la indispensable interacción cara a cara, consustancial al acto social como tal. Y claro que todos nos preguntamos, como el estudiante de arriba;  “¿La esencia del aprendizaje estará reemplazada por la tecnología hasta el punto en que el conocimiento y la curiosidad humana solo provengan de la interacción con las máquinas? ¿El distanciamiento social está alejando la creatividad del aprendizaje? Nunca pensé que el aprendizaje virtual me haría extrañar el aprendizaje cara a cara. Nunca te das cuenta de lo que tienes hasta que lo pierdes”. Decir que estamos en la virtualidad simplemente porque estamos recurriendo a la tecnología, es tan insolente como decir, que el Centro Democratico es paradigma de la democracia solo por llevar esa palabra en el nombre de su secta.

 

 

 

 


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