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Opinión

La hacienda de los jesuitas en la provincia de Neiva

Esta historia, que resumiremos  en dos  “rincones", se inicia en 1606, cuando misioneros jesuitas llegan a Villavieja y establecen  primero “Centros Doctrineros”, dedicados a inculcar en las mentes de los indígenas la religión y la lengua de los conquistadores y a renegar de las suyas.

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Por: Delimiro Moreno 16 Ene 2020

Por: Delimiro Moreno

16 Ene 2020

Pronto se convertirían  en la base de  la famosa hacienda Aposentos que cubría los actuales municipio de Villavieja, Tello y Baraya,   y terminará tras  170 años  en 1776,  cuando el rey de España expulsará  de sus dominios  a los jesuitas, que  inspirarán, 30 años después, de la Independencia de las provincias  hispanas en América.  

Pronto, para 1631, el  24 de marzo, el segundo gobernador de Neiva, Francisco Martínez de Ospina, dona al Colegio de la Compañía de Jesús, representada por el hermano Manuel Martín, y para su mantenimiento, tres caballerías de tierras, que tienen como límites, al sur, el río Villavieja, desde su desembocadura hasta su nacimiento, y por el norte, hasta encontrar el río Cabrera…

El 6 de abril siguiente, reciben de Domingo Fernández de Vega la donación de ganado para su hacienda y otros bienespara que le digan misas por su alma”, en un magnífico negocio para ambos, pues el clero recibe “efímeras”, pero productivas fincas en esta tierra, y los hacendados moribundos, a  cambio de ellas, “eternas parcelas” en el Cielo...

En 1659, el padre Gaspar de Cujía, en nombre de la Compañía, para consolidar su hacienda, compra a José Garrido y a su esposa María Fajardo, veintiuna estancias de ganado mayor, dos de pan coger, quince cabuyas en tierras de Guarocó, río Villavieja, La Serranía, Hato de Bogotá y Señorías.

Así,  a finales del siglo XVII, los Jesuitas son ya poderosos terratenientes en la Provincia  de Neiva, pues por compras y donaciones poseen trece hatos entre Villavieja y el pueblo de indios de El Hobo, que pasan de las 70 estancias de ganado mayor de las modernas,  sin incluir las propiedades de Guaracó, Los Ahorcados y El Albadán, en el centro y el norte de la Provincia.

Su latifundio tenía  más de 20.000 hectáreas, y contaba  con cerca de 150 esclavos, 10.000 cabezas de ganado mayor, 1.000 bestias y otro tanto de ovejas. Los Jesuitas  admitían que los esclavos conservaran sus bases culturales y organizativas, aceptaban  su unión familiar y comunitaria alrededor de una fracción de tierra denominada “conuco”, en la cual les era permitido el cultivo de la tierra y la cría de ganado menor, para el autoabastecimiento alimentario del grupo y para cubrir la demanda de tributo de los hermanos administradores y evangelizadores. Como el objetivo de la hacienda era la ganadería extensiva, para la exportación  a Santafé de Bogotá, Popayán y hasta Quito, para lo cual no se requiere la mano de obra femenina, se  permitía  a las mujeres dedicarse a las labores agrícolas y a la  cría de especies menores para su alimentación y el cuidado de la hacienda


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