La desvergüenza de los medios

Ningún medio de comunicación acreditado para su primera visita oficial preguntó a la canciller y vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, al salir del Departamento de Estado de los Estados Unidos de Norteamérica, sobre la impunidad que aguarda a los crímenes cometidos por la fuerza pública colombiana en las operaciones de represión callejera.

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El gobierno Duque hoy controla a los organismos jurisdiccionales responsables de esclarecer los oscuros hechos. Tiene patente de corso para seguir matando y ‘comiendo del muerto’ hasta que el pueblo (dividido por él mismo con suma habilidad y maña a través de incontables medios a su alcance) produzca una insubordinación popular y cobre por ventanilla sus 100 años de soledad –pueden ser más de 500 almanaques-. El gobierno, los gremios y los medios, entre otros sectores, quieren convencer a los connacionales de que el paro es contra ellos, contra el propio pueblo, y que viola los derechos humanos (!) A diario, los periodistas a sueldo de la derecha cavernaria no bajan de ‘terroristas, extorsionistas y secuestradores’ a los participantes de las jornadas de protesta. Cada vez que rematan una información al aire piden el levantamiento de los bloqueos y azuzan a sus propios entrevistados para que exijan mano dura contra los huelguistas, en especial cuando se trata de informes de civiles con algún grado de poder y riqueza, durante emisiones permanentes de noticias y reportajes dedicados a despotricar de las comunidades inconformes. Sin sonrojarse, claman por un baño de sangre mayor al ocurrido en las refriegas de este año en curso que asombran al mundo por el giro que toman en materia de derechos humanos conculcados.

TIRO AL BLANCO DE CARNE

El planeta asiste a una pena de muerte masiva ejecutada en las calles colombianas por parte de las fuerzas armadas, luego de una orden presidencial y ministerial en tal sentido perentorio. La transmisión de la barbarie se cumple muchas veces en tiempo real por medio de las redes sociales, y con unos curiosos mecanismos de comprobación inmediata, más allá de las afirmaciones delirantes de los genocidas. La tecnología disponible, sin una amenaza abierta de censura, es la nueva notaria del proceso desatado en el país y de la fuerza insospechada de los acontecimientos. También, como se infiere desde más arriba en esta columna, esos reporteros fletados magnifican las pérdidas causadas al país por el movimiento social, como si se tratara de un capricho ajeno -y aislado y sin contexto- al estado de preguerra civil que se registra en Colombia, en virtud de las injusticias y de los aplazamientos orquestados por la gobernanza plutocrática en más de 200 años de historia.

EN LA SUPERFICIE DEL LÍO

En esta época en especial, los medios de comunicación social, en su gran mayoría, venden hasta la madre, sin escrúpulos. Productos de la extensión de los demás poderes, son sus voceros descarados, y cuando esos poderes se vuelven abiertamente déspotas y criminales–como sucede en Colombia-, aquéllos, con un manejo metodológico de la opinión pública promueven la adoración diabólica a eso mismo que promueven sus amos perversos. Hablan, entonces, muchas veces, para unos receptores desprevenidos e ignorantes (oyentes, lectores, audiencias), y se aprovechan de esa condición, sin ningún empacho. La historia tendrá que condenarlos lo mismo que a sus patrocinadores, más temprano que tarde. Este régimen tiene los días contados…