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La cultura, un bien de primera necesidad en la cuarentena

Uno de los primeros gestos humanos y civilizados del hombre, fue reunirse alrededor de una fogata.

La
Por: Miguel de Leon 04 Mayo 2020

Por: Miguel de Leon

04 Mayo 2020

 

Digamos que después de la cacería y mientras la carne estaba en punto, los hombres hacían  tres cosas imprescindibles: calentarse las manos, preparar comida y contar historias. Y este espacio de encuentro, continuo ampliándose con danzas y otras expresiones culturales, porque así no se crea, la gente sobrevive a los encierros y a las calamidades gracias a la cultura y la creatividad, no acumulando capital. Por eso, ahora que todos los gobiernos anuncian recortes a la cultura en nombre de la economía (ser supremo de la existencia del hombre contemporáneo) uno entiende que la sociedad se ha deshumanizado. No hay que olvidar que el esfuerzo que implica cada trabajo  se supera cantando.

Yo no sé, si tiene algún sentido, aguantar una cuarentena tan difícil para salir y encontrar cerrados teatros, café literarios, librerías o salas de conciertos, y encontrar solo hamburgueserías abiertas. Tal vez, algún burócrata encontró que  los artistas no parecen prioritarios en tiempos de emergencia. Se les suprimen apoyos, ignorando que la gente necesita gratificación estética. Se les ofende con ayudas que dicen caídas del cielo, porque ellos no las necesitan. Pero la gente necesita de alegría y de un poco más de color, para reiniciar sus vidas y las crisis se sobrevive gracias a que las personas imaginan y crean. Por eso, la cultura es una bien de primera necesidad, es un alimento necesario para hacernos comunidad.

Incluso, en una sociedad despersonalizada por obra y gracias de la tecnología, la gente comparten memes, gifs o tuits en sus redes sociales, otros recitan poemas, se disfrazan, cantan, conversan por teléfono, sueñan, escuchan los sueños de otros. Vemos  miles de gestos y eventos creativos. Miles de artistas han regalado en línea sus obras de teatro, sus películas, sus libros, sus conciertos y lo hacen con gusto, mientras los bancos no dejan de cobrar intereses.  La especie humana resiste a través de formas de representación de la realidad (eliminadas de los presupuestos públicos como la parte más prescindible de la realidad). Mientras se compran tanquetas y camionetas para la represión, el gobierno es anodino,  para no invitar a los artistas mejor,  a embellecer y hacer más amables los espacios públicos que nos van a recibir después del encierro y que ahora están solos.

En ese sentido y para no ser hipócritas, por ejemplo, en los planes de desarrollo departamentales y municipales que están en formulación en estos momentos, “deben mantenerse e integrar nuevos programas y presupuestos para procesos, agrupaciones y agentes culturales y artísticos en los territorios. Estos programas deben estar cofinanciados por las entidades que hacen parte del Consejo Naranja que tiene una gran oportunidad de demostrar su pertinencia en este difícil momento y por un Ministerio de Cultura, al que es necesario fortalecer, dar herramientas de mayor alcance misional, logístico y presupuestal en todas las regiones de Colombia”, (propuesta del sector cultural) y lógico estas propuestas tienes que orientar la activación de la demanda y oferta de bienes, servicios y manifestaciones culturales.

Y en lo inmediato, hay que redireccionar los recursos de producción de los eventos masivos que no se realizarán en el 2020 en el orden nacional y territorial.  Por ejemplo, los miles de millones que se dedican al Festival Folclórico, deben dedicarse a atender los artistas en condiciones de vulnerabilidad, adultos mayores y artistas madres cabeza de familia. Así de sencillo y no estar pensando en hacer una parodia en octubre. Pero igual, hay que insistir en una alianza con el sector educativo para la creación y producción de contenidos culturales y pedagógicos para los niños y niñas que aprendan en casa. Seguir trabajando pero en otros soportes. Sin olvidar nunca, que la cultura es un bien de primera necesidad para hacer resistencia política, para articular pensamiento que nos acompañe en el desastre en el que vivimos.

 

 

 


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