La cultura de la trampa

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La cultura de la trampa


En la escuela era frecuente y seguramente lo sigue siendo, pedirle al compañero del lado una ayudita en la previa.

Con la mirada, el silvo suave o la palabra queda se le preguntaba por la respuesta a la pregunta no sabida. Era normal. Como también era y sigue siendo normal pedirle una ayudita a quien se piense que puede ofrecerla cuando se aspira a un cargo o un puesto o un contrato de trabajo. Sobre todo cuando es un cargo público o un contrato de trabajo en lo público, en que lo normal es apelar al político que se considera que puede ayudar porque tiene nexos o afinidades con quien decide esos casos. Mas normal todavía se volvió apelar a esos mismos políticos y a los funcionarios responsables del otorgamiento de contratos para que se otorguen sin el cumplimiento de algún requisito o condición o simplemente desconociendo las condiciones de otro u otros aspirantes. En esos casos y en todos los demás que no menciono, en Colombia lo normal son esas pràcticas, a pesar de que violan las reglas que se supone cada caso establece, se considera normal violarlas para hacernos a algo o lograr algún propósito. Es nuestra cultura de la trampa, propia de una sociedad mafiosa que naturalizò la trampa, la normalizò. El tema lo traigo a propósito de las reacciones a la decisión del gobierno Petro de cumplir lo prometido en campaña sobre la suspensión definitiva de la firma de nuevos contratos de exploración y explotación petrolera. Por què hacer eso, dicen los críticos del gobierno, si Colombia con el petróleo que explota solo contribuye mínimamente al calentamiento global; con menos del uno por ciento, que no es nada, dicen esos críticos. En cambio, con los recursos que recibe por el pago de ese petróleo, se sostienen las finanzas del país, se promueven y sostienen las políticas sociales orientadas sobre todo a los pobres. Para garantizar la sobrevivencia de los pobres, dicen unos, pero sobre todo la salud de las finanzas pùblicas, que es como llaman los economistas neoliberales la existencia permanente y segura de los recursos necesarios para dar cumplimiento a los compromisos financieros que los gobiernos han adquirido con organismos internacionales, es decir, los endeudamientos que han hecho del país para otorgar los contratos multimillonarios a los amigos. Por eso les preocupa la salud de las finanzas pùblicas, por esa deuda con los organismos financieros internacionales con los cuales ellos son allegados. Esa deuda hoy està por encima de los ciento cuarenta mil millones de dólares que se pagan esencialmente con los recursos que le entran al país por venta de petróleo o de los derivados del mismo. Asì que es de esas razones que se prenden los críticos del gobierno para cuestionar la decisión de Petro. 

Pero las razones del gobierno son èticas y morales, y por tanto contrarias a la tradición de la cultura mafiosa de la trampa, y las puso claramente sobre la mesa en la reciente reunión de Davos, a la que asistìa la èlite económica y política mundial. Dijo que el problema ambiental cada dìa se agrava mas y que el planeta y sobre todo las especies vivas incluyendo la humana, tienen un futuro dramàtico si no se adoptan y sobre todo se aplican urgentemente medidas drásticas contra el calentamiento global, incluyendo y sobre todo, ya no solo la reducción, sino la eliminación definitiva de las energìas de naturaleza fòsil; es decir petróleo y carbón, esencialmente. Y por què enfatizò en lo de la aplicación de las medidas?; porque el problema hoy es que medidas se han tomado, muchas, en muchos foros y eventos internacionales a los que asiste la èlite mundial, en que se comprometen con decisiones contra el calentamiento, reduciendo emisiones de gases efecto invernadero por la vìa de reducir el uso de esas energìas, pero esos acuerdos no los cumplen. Y en esa cultura global de la trampa es en lo que no puede caer el mundo, sobre todo tratándose de un asunto de sobrevivencia. Por eso propuso que los acuerdos que se firmen sobre el tema del calentamiento global tengan la condición de vinculantes, es decir que sean de obligatorio cumplimiento, como sì lo son, dijo, los relacionados con lo económico promovidos por la Organizaciòn Mundial de Comercio o los tratados de libre comercio, en los que sì se aplican sanciones a los países que no los cumplan. Esa cultura de la trampa a la que las èlites vienen conduciendo al mundo, firmando acuerdos que no cumplen, aprobando reglas para violarlas, poniendo en riesgo el futuro del planeta y de las especies vivas, es la que no se puede tolerar y para lo cual Colombia ofrece un gran ejemplo, aplicando rigurosamente lo que exige a los demás países que hagan. De ahì su decisión de no firmar mas contratos de extracción y explotación de petróleo. Es un ejemplo de ética y moral.