Jóvenes con viejas mañas

Lo primero que uno ve son camisetas del Atlético Huila, otras de Millonarios y más allá una de Nacional, uno extraña las camisetas del Che y del puño cerrado, algo tan común en nuestra época.

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Y uno se da cuenta, que curiosamente, los barristas, es decir, los fanáticos del fútbol, se han convertido en el centro de la movilización que todavía mantiene el Paro Nacional. Se da la opción para escucharlos y uno pregunta, ¿Qué le piden al gobierno? Y el barrista dice con firmeza; “Vivir con dignidad” Otro añade: “En primera medida, la no violencia, que dejen de matarnos”. “Eso –retoma el de Millonarios–: la garantía a la protesta social”. Y claro uno se sorprende con las respuestas. Y uno los ve y los reconoce como nacidos en las ciudades, son jóvenes citadinos, urbanitas de segunda y tercera generación y esto ya genera un perfil muy diferente a lo que teníamos anteriormente en los movimientos sociales, ya no son campesinos y cocaleros de regiones apartadas. La Primera Línea, son jóvenes y diversos, apartados de las organizaciones políticas conocidas.

Sin embargo, cuando se entra más allá de lo anecdótico, se encuentra un microcosmo político donde los sectores populares continúan arrastrando detrás de sí todos los tropezones y errores de siempre, en la construcción de una propuesta de alternativa política. Y tal vez eso mismo, se vio en el llamado Primer Encuentro Departamental de Juventudes en el marco del Paro Nacional que se realizó en un resguardo indígena, en donde se suponía los jóvenes iban a articular su lucha y darle un norte claro a la misma.

Sin embargo, desde fuera, se vieron las eternas mañas de siempre, por ejemplo; los señalamientos a una expresión juvenil que participo en las protestas pero que, de una vez, fueron señalados y estigmatizados por los dinosaurios de siempre. Luego, se da el veto que no falta nunca, y se le niega a otra organización juvenil la posibilidad de participar en el evento con cualquier disculpa, en las cuales las construcciones políticas de siempre son expertas, cuando lo lógico hubiera sido el debate y no la exclusión. 

Y finalmente, la descalificación abierta en donde solo importa imponer “mi” verdad por encima del esfuerzo y el sacrificio colectivo. Y eso se da en el altercado entre dos jóvenes defensores de Derechos Humanos en la tensión de algún bloqueo y que vuelven a verse en el Encuentro de La Plata.

La mujer en vez de usar los conductos regulares, de una va a la Minga y pide la expulsión del joven no solo del Encuentro, sino de la organización a la que pertenece. La Minga propone entonces un ritual de reconciliación, el cual hace que los jóvenes se disculpen y se reconcilien. Cuando se pensaba que el incidente paraba ahí, a la llegada de Neiva, la “feminista” saca un comunicado público sin nombre, ni firma responsable señalando de forma imprudente y con nombre propio al otro joven. No solo es poner en peligro la vida del joven señalado, sino para con los saberes y la actitud de la Minga, una falta de respeto para con las “pendejadas” indígenas. Y todo justificable, porque las feministas son así. El agraviado anuncia demandas jurídicas.

Es decir, la construcción de las nuevas expresiones políticas tiene que darse sin las mañas del pasado, solo así, se fortalece lo ganado en la calle. En la conversa con los jóvenes, algunos decían que habían participado en marchas, en hacer carteles, murales, en los tropeles, sin embargo, aseguraban no participar en política. Es clara entonces una tensión, pues si participar o hacer política es expresar sus ideas en los espacios públicos, ¿qué son para ellos estos espacios? ¿Por qué no los consideran espacios de participación política? Y, sobre todo, porque no utilizarlos para construir una nueva propuesta política alejada de los viejos estereotipos de siempre. Igual, para muchos de ellos, las expresiones “partido político”, “estado”, “democracia” no dice mucho, las palabras se agotan cuando su contenido es meramente retórico y entonces cobran gran valor otros lenguajes, otras expresiones. 

Los movimientos juveniles tienen que pensar en esos nuevos lenguajes y construir a partir de ellos.  Son construcciones conjuntas, pensamientos diversos pero que representan a muchos, que va más allá de lo individual y que se convierte en una acción política colectiva cargada de creatividad. No todos pueden pensar y actuar como nosotros pensamos, pero si podemos crear espacios donde todas las lecturas se complementen. Para estos jóvenes la política es una práctica de resistencia, de fuerza, de tenacidad. No se puede ser débil en la política. Por eso, la invitación a dejar las viejas mañas y las malas prácticas y más bien ser originales en la construcción de esa necesaria propuesta juvenil, para no perder lo ganado en la calle.