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II - La hacienda de los jesuitas en Neiva

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II
Por: Delimiro Moreno 17 Ene 2020

Por: Delimiro Moreno

17 Ene 2020

Corrían los mejores días para la hacienda Los Aposentos de  los jesuitas en la provincia de  Neiva, con cuyos réditos se sostenía en Santafé su gran Colegio, en su máximo esplendor  la Compañía de Jesús, cuando el rey Carlos III, presionado por  los enemigos de la Compañía para quienes esta era una gran amenaza política y económica, decidió, el 27 de marzo de 1767, expulsar los jesuitas de todos sus dominios y confiscar sus bienes en  beneficio del Estado.

En la Nueva Granada,  y en la hacienda Los Aposentos  de Villavieja,  la orden  se empezó a cumplir el siguiente  18 de agosto.

El  4 de septiembre, por orden del Virrey se entregaron todos los hatos, enseres y semovientes de la hacienda  al esclavo Juan Fortunato, muy conocedor de todo como que había sido adiestrado por el último Provincial, Tías, en su administración. Hasta este momento no se había logrado hacer el inventario de todos los semovientes, debido a las lluvias propias de esta temporada… Pero la administración de Juan Fortunato duró apenas dos meses y en noviembre, el gobernador Miguel de Gálvez, que se había trasladado a Villavieja para presenciar los “rodeos” habituales en la Hacienda,  recibió orden  del Virrey para que entregara todos los  haberes del latifundio a Fernando de Guzmán y Luna, quien había sido nombrado su administrador.

Con este sujeto empezaron los días de mala ventura de la Hacienda; el 4 de marzo de 1769 la Real Audiencia de Santafé,  lo destituye por malos manejos, y lo remplaza por Alfonso Jiménez, quien  no fue mejor,  y el 16 de agosto de ese año,  “día de San Roque” los esclavos se insurreccionan, con algunos mulatos arrendatarios, y armados con machetes y cuchillos  atacan la casa de Jiménez. Protestan  por los  abusos y vejámenes de que son objeto, pues no les permite descansar los días domingos ni sembrar en sus “conucos”, cuyos platanales destruye y cuyos ganados roba. Tampoco les suministra vestuario y marca los animales con su propio hierro, y no con el de la hacienda. Las denuncias se contienen en una carta que escribe, a pedido de los insurrectos, el “chasqui” Pascual de Zúñiga, por lo cual éste fue arrestado en Santafé. La insurrección dio como resultado la destitución de  Jiménez  y el nombramiento de José Antonio del Lago, quien asumió la dirección en  1770 y   para solucionar el conflicto que estalló de nuevo en  abril de ese año  propone se vendan los negros esclavos o se remitan a Santafé.

En 1776, finalmente,  es  entregada por José Antonio del  Lago al gobernador Policarpo Fernández, quien la pone a remate, y el comerciante español (de Cádiz)  Joaquín Arce Piedrahita la remata a censo redimible, y luego la divide en 16 grandes globos  que a su vez vende a otros  tantos hacendados regionales, algunos  de  cuyos descendientes aún poseen grandes fincas (entre ellas  Bateas)  en lo que fuera la gran hacienda Los Aposentos de Villavieja.


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