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Hablo Francisco; “Fratelli Tutti”; hermanos todos!

Tradicionalmente una encíclica (del latín "encyclia" y del griego "egkyklios" que significa "envolver en círculo"), es una carta solemne sobre asuntos de la Iglesia o determinados puntos de la doctrina católica, dirigida por el Papa a los obispos y fieles católicos de todo el mundo.

Hablo
Por: Miguel de Leon 03 Nov 2020

Por: Miguel de Leon

03 Nov 2020

 

Conforman en su conjunto la doctrina social de la Iglesia católica, son las directrices que entrega el Papa para mantener viva la Iglesia. Desgraciadamente, la última encíclica del papa Francisco  ha pasado casi desapercibida. Fue firmada el 3 de octubre en Asís (Italia) y publicada al día siguiente, es decir cuando un nuevo rebrote de covid-19, nos regresa a tiempos oscuros, tal vez por eso mismo, el Papa Francisco hace una invitación urgente  a la paz en épocas de oscuridad. La  encíclica se titula, “Fratelli Tutti”, sobre la fraternidad y la amistad social. 

Sin embargo, la Iglesia anda dedicada a misas y rezos y no en analizar las directrices de su máxima autoridad y el caso del obispo de Neiva, dedicado a promocionar el odio y el resentimiento en sus columnas, aunque ahora parece ser que va menos a cocteles y actividades sociales. Porque desde el mismo nombre, el Papa Francisco regresa a la esencia de la Iglesia. «Fratelli tutti», escribía san Francisco de Asís para dirigirse a todos los hermanos y las hermanas, y proponerles una forma de vida con el verdadero sabor a Evangelio. De esos consejos quiero destacar uno donde invita a un amor que va más allá de las barreras de la geografía y del espacio. Allí declara feliz a “quien ame al otro tanto a su hermano cuando está lejos de él como cuando está junto a él”. Con estas pocas y sencillas palabras expresó lo esencial de una fraternidad abierta, que permite reconocer, valorar y amar a cada persona más allá de la cercanía física, más allá del lugar del universo donde haya nacido o donde habite. 

Recordemos que san Francisco de Asís, de donde toma el nombre el papa, se sentía hermano del sol, del mar y del viento, se sabía todavía más unido a los que eran de su propia carne. Sembró paz por todas partes y caminó cerca de los pobres, de los abandonados, de los enfermos, de los descartados, de los últimos. Por eso, el objeto último de la encíclica es invitar a la búsqueda de la fraternidad y la amistad entre todos los hombres. Por eso, la encíclica es profundamente inclusiva y está dirigida a todas las mujeres y hombres que componen la gran familia de la humanidad, no solo a los cristianos. En la encíclica, se citan ilustres autores romanos como Virgilio o Cicerón, notables intelectuales judíos como Hilel el Sabio, o grandes líderes sociales como Mahatma Gandhi, Martin Luther King o Desmond Tutu. El papa cuenta que las conversaciones que mantuvo con el gran imán Ahmad Al-Tayyeb, en Abu Dhabi en 2019, le han estimulado a escribir el documento.  

Su amplitud de pensamiento llega al final de la encíclica, cuando ofrece como modelo a Charles de Foucauld (1858-1916), un militar y explorador francés, luego místico ermitaño y mártir, quien supo ver en cada mujer y hombre un verdadero hermano. Aunque son muchos y muy diversos los temas tratados, la encíclica tiene un hilo conductor claro, a saber: solo seremos capaces de reconocer en nuestro prójimo a un hermano, con independencia de razas, fronteras, lenguas y culturas, si nos abrimos a los demás; es decir, si adoptamos la actitud del buen samaritano. No hemos cambiado suficientemente, dirá el papa Francisco  si “ver a alguien sufriendo nos molesta, nos perturba, porque no queremos perder nuestro tiempo por culpa de los problemas ajenos”. Esta conversión, que implica la reconciliación, es un hecho personal y “nadie puede imponerla al conjunto de una sociedad, aun cuando deba promoverla”. Acabar los amores y la fraternidad selectiva. 

Para los católicos que miran el mundo desde los dogmas, Francisco propone una forma de análisis concreta; sigue las directrices del método de ‘revisión de vida’, muy empleado en la teología latinoamericana y que surge del marxismo. Este método consta de tres momentos:

1) Ver: se hace un balance de la realidad.

2) Juzgar: se compara la situación con el mensaje del Evangelio.

3) Actuar: se proponen directrices para cambiar la situación, que es lo que la encíclica hace en su tercera y mayor parte.

Al final de esta encíclica, Francisco traza una senda clara para guiar a la humanidad hacia una unidad política, social y jurídica sin precedentes. Si el siglo XIX fue el siglo de la libertad, y el XX el de la igualdad, nuestro siglo XXI está llamado a ser el siglo de la fraternidad. 

 

 

 

 

 

 


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