apuestas

OPANOTICIAS

Opinión

Eleuterio sin secretos

Acaba de regresar a la patria espiritual, al otro lado, Jaime Cortés, el popular Eleuterio, intérprete y cantautor del Tolima Grande, viajero incansable por los escenarios y las fiestas populares de Colombia, con origen en Garzón.

Eleuterio
Por: Fernando Amezquita 15 Sept 2020

Por: Fernando Amezquita

15 Sept 2020

 

Era lo más parecido a un invitado de honor a las celebraciones anuales de los pueblos de nuestra extensa geografía. Así lo vivió durante muchas décadas tal vez por la simpatía que despertaba el folclor del Viejo Tolima (con este nombre grabó Jaime muchos discos en un célebre dueto apoyado por la radio); por su parte, la primera pareja cómico-musical de Colombia, Emeterio y Felipe, Los Tolimenses, estaba pegada hasta en la televisión nacional desde sus inicios en blanco y negro. Jaime Cortés, Eleuterio, era entonces para los públicos carnavalescos un emisario itinerante de la cultura territorial: guitarra en mano y traje típico, que brillaban con los reflectores. Cuando el espectáculo del tablado, de la tarima y hasta del club social llegaba a la calentura de la máxima animación, creía uno ver a Emeterio (Jorge Ramírez, del dueto Los Tolimenses) con su chispa desbordante y con su tono humorístico opita. Algún parecido físico se dibujaba entre estos artistas populares, aunque Emeterio pudiera considerarse inimitable en virtud de su chispa creativa y de su inagotable cosecha de chistes, acopiada en una intensa actividad social, regada generosamente con Tapa Roja y Doble Anís, según el caso.   

Eleuterio en el show

En junio de 1981, durante las fiestas cafeteras de El Fresno, norte de El Tolima, conocimos a Eleuterio mientras animábamos, durante un breve momento, al público en el parque principal. Hacíamos honor a nuestra formación como locutores y productores de radio y televisión del Colegio Superior de Telecomunicaciones, antes de estudiar periodismo como lo recomendaban los entendidos en el medio. Iniciaba la convulsa época de los años 80 con su carga de violencia.  El clima medio del pueblo se calentaba con el espectáculo a esa hora. Entretanto, Eleuterio despertaba sonoras carcajadas en los asistentes luego de realizar maromas y peripecias al consumir licor desenfrenadamente en el tablado. La copa de aguardiente visiblemente repleta se deslizaba, pegada a su mano derecha, en un extraño equilibrio, mientras rodaba por su mejilla y caía exactamente en la boca del folclorista, sin regarse una gota. Una lluvia de aplausos tronaba en el escenario como abrebocas del acto central a cargo de Eleuterio, previsto para el cierre de la jornada oficial del sábado. Jaime Cortés, tras la ovación cerrada de la asistencia, al despedirse en el tablado, se preparaba para un homenaje etílico en el marco de la plaza principal, en la calle principal. Muchos esperaban la compañía del artista en sus mesas. Entre ellos, un grupo de paisas ensombrerados, carriel al hombro, barbas bien cuidadas, que se mostraban atentos y amables con el artista y su acompañante. En esa madrugada, Eleuterio se mostró curioso porque los contertulios se ausentaban para ‘ir al baño’ de manera permanente. Cuál no sería su sorpresa al enterarse por la prensa en la mañana que un reguero de cadáveres, más de 10 habitantes, había amanecido baleado en las goteras del pueblo, sin causas aparentes. Pudo establecer por asociación de ideas, que sus anfitriones ocasionales integraban un colectivo criminal, una organización de  ‘la mano negra’, un grupo paramilitar que presagiaba las matanzas de esas décadas finales del XX. El baño de sangre cobraba una fuerza inusitada, que puede perpetuarse durante el gobierno Duque, si el país no reacciona adecuadamente. 

 

 

 

 


Loading...