El tal turismo sostenible

Mi última visita a la Mano del Gigante, sitio de interés turístico en Gigante, fue decepcionante.

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En resumen, han saturado el sitio, el servicio es malo y caro, pero sobre todo no se ve ninguna compensación ambiental en el entorno. Igual, sucede con la apuesta turística de Neiva, donde se ha construido la ruta de Villamil para ir a una zona hermosa como es San Antonio de Anaconia. Y los tales operadores turísticos, ya comenzaron su “gestión”. Hay denuncias de cómo algunos depredadores ya han comenzado su labor de acabar con árboles y linderos, que no se acomoden a su “visión empresarial”. Y eso por no decir nada de la invasión del desierto de la Tatacoa, donde cada día es más difícil mirar el desierto sin encontrar cabañas y basura botada por todos lados. Y eso que la tal apuesta productiva apenas está empezando. 

Por no nombrar al famoso ecohotel Los Pinos. En donde se ha traído una especie ajena a nuestro medio como lo es el pino, árbol depredador que seca el agua y acaba con otras especies, pero desde cuando lo trajo cierta modelo, es el árbol “in”, solo nos falta las nevadas con nieve tropical. Y así, podíamos nombrar muchos ejemplos más de como el turismo sostenible corre el riesgo de volverse un turismo depredador del medio ambiente, ante el apoyo del propio gobierno. Y cuando uno habla con gente del sector, le dicen a uno, que todos los males del turismo local es la informalidad del sector. Y en realidad, la propia ANATO reconoce ese problema, se defiende diciendo que el Registro Nacional de Turismo (RNT) hace que las cosas se hagan de manera correcta, haya certificación y mejor servicio. Pero en realidad eso no se ve en el servicio que se ofrece.  

Y claro, la propuesta institucional debe estar dirigida al desarrollo de un turismo sostenible, que propenda por la conservación de los recursos naturales y culturales de las comunidades y que además se opte por la conservación, transmisión y divulgación de las costumbres y tradiciones de las comunidades con el fin de crear ambientes propicios para el turista. Así de sencillo, por ello, institucionalmente, Turismo va de la mano de Cultura y no de Competitividad y mucho menos de la Cámara de Comercio. Si bien es cierto, se espera que estas instituciones apoyen los procesos, está claro, que las metas son distintas. Así mismo, existe la necesidad de una mayor participación de los entes regionales en el desarrollo y la promoción de estos planes turísticos que incluyan los elementos del patrimonio cultural y natural de la región.  

Si bien es cierto, que la pandemia del coronavirus ha sido un momento de shock global, que ha llevado a la industria del turismo, tan acostumbrada al éxito, a replantearse. Sin embargo, esos pequeños ejemplos, nos dice que todavía no se asimila el turismo con toda la responsabilidad que merece. No siento que se den cuenta que el turismo depende de los destinos y por eso, se deben proteger a las regiones y a su gente. Esa es la base del negocio. La protección del clima y el sobreturismo ya eran temas importantes antes de la aparición del coronavirus, ahora están todavía más en el punto de mira. Y en el departamento no se da una clara articulación de los agentes culturales y turísticos que les permita construir una oferta para atender la demanda nacional e internacional de atractivos culturales y consolidar un nuevo mercado.

Lo peor, es que el fortalecimiento de la “industria turística” ya es un caballito de batalla de cualquier político que quiera recoger algunos votos. Por eso, ya vimos al candidato del centro derecha, Alejandro Gaviria decir; “el Huila tiene un potencial turístico que ha sido mal aprovechado, por eso hay que convertir al departamento en un gran referente del turismo en el país”. Ahora mismo estamos construyendo una nueva normalidad que aún no tenemos la certeza de sus características, pues la estamos construyendo en el tiempo y de acuerdo a nuestro contexto. Estos cambios implican diversos temas como el uso de nuevas oportunidades para el turismo, a partir de la utilización de las nuevas tecnologías y el desarrollo de un turismo sostenible, apoyado sobre la ética de comportamientos y la responsabilidad en la gestión de los recursos y el entorno, tanto físico como humano