El palo está para cucharas

Ahora sí: ¡el palo está para cucharas…! Con la llegada triunfal de Petro al poder luego de muchas intentonas fallidas, y hasta de las fundadas sospechas de aparentes fraudes comiciales en su contra, hoy anecdóticos para bien, en el tema presidencial colombiano, la baraja de expectativas populares se abre como nunca antes había ocurrido.

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No es ningún secreto que esta Nación consagrada al Sagrado Corazón de Jesús, aguanta para partir y  repartir, sin fruncirse, de acuerdo con el manejo de sus recursos generosos y del responsable de ellos ante la faz de la Tierra, ante Dios y la ley. El presidente electo sabe muy bien que en el país, tercamente –y por intereses oscuros, innombrables- no han dejado florecer durante al menos dos siglos ni siquiera al mismísimo sistema capitalista, en áreas como la redistribución de la riqueza en dirección al progreso colectivo y a la satisfacción de necesidades, sin descartar el consumo equilibrado, el acceso a bienes, productos y servicios;  menos, tampoco, el permitir algunos enfoques del mentado neoliberalismo tal como la constitucional entrega de las EPS  a las comunidades organizadas (una norma diseñada por el propio Álvaro Uribe en su famosa ley 100 de seguridad social, ‘privatizante’), algo que varias mafias empresariales y políticas se negaron a implementar en su momento crucial. LA PIEDRA EN EL ZAPATO

 

Los argumentos de Petro alcanzaron un estatus irrebatible en la arena política. El hecho de proponer con vehemencia la defensa de la naturaleza, de impulsar el uso urgente de energías limpias, de fomentar el diseño de políticas contra el cambio climático, de auspiciar la agroindustria y de respetar el derecho a la vida de los connacionales, sin menoscabo de la pacificación (aplazada con maña política del gobierno saliente) del país, para citar el capítulo ideal de los proyectos represados, conmovieron a la opinión pública y propiciaron en la recta final de la campaña votos como el muy sonado de Antanas Mockus, ex alcalde de Bogotá y senador de la república, entre otros apoyos de conciencia, sin descontar a los de muchos sectores de sabios e intelectuales y de hartos similares suyos de alto vuelo, que advierten sobre un cambio inaplazable en los destinos del territorio patrio, en su manejo, so pena de la destrucción del orden institucional en juego. El pueblo avizora cambios positivos, progresivos, y sabe que aquello del comunismo inminente, del ‘castrochavismo’ y de la expropiación de las riquezas, eran los componentes de un cuento chino, reforzado por muchos individuos que sentían pasos de animal grande desde la proyección incontrolable del candidato favorito de los votantes, Gustavo Francisco Petro Urrego, del Pacto Histórico.  Al parecer, los astros también sonrieron ante la posibilidad de su llegada definitiva al Palacio de Nariño, pues horóscopos, signos del zodiaco y cartas natales pronosticaron su arribo a la silla más importante del país, al solio de Bolívar, como si estuviera escrito en el hades, en el destino del aspirante. Los proviceros (arúspices de la Providencia Divina) sugirieron así un hecho determinista para este tramo de la historia oficial del país, protagonizada por el señor Petro. De manera usual, por el contrario, las campañas derechistas son las que contratan a los pronosticadores de oficio para que descalifiquen a sus contendores políticos e incidan en la opinión de los votantes tradicionales, aunque para este caso se presume que fue espontánea la echada de la suerte, la lanzada de las cartas, la predicción de los resultados finales y del nombre del nuevo presidente, sin el pago de honorarios por la publicidad engañosa.