El orgullo de los riverenses

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El orgullo de los riverenses


Al municipio de Rivera lo ha caracterizado históricamente su exuberante y verde montañoso, el mismo que pintan sus cacaoteras, asociadas con árboles de Pepas de Pan, Guama, Banano y Aguacate.

Al interior de sus antiguas casas, en sus patios, casas que sobreviven a las divisiones del boom inmobiliario de la renta y venta de apartamentos, sobreviven árboles de Naranja, el Totumo, el Mirto, el Mango y el Aguacate otra vez; los aguacateros nos llamaban.

Rivera también cuenta con un espectacular clima, aguas termales que por mucho tiempo fueron casi que su único atractivo turístico; hoy, hay miradores, venta de vino artesanal, se afamó el pan de chicha y se construyó una importante oferta gastronómica cuya principal distinción son los postres y el excelente café que produce nuestro departamento. Pero tenemos adicionalmente un elemento muy fuerte, sello distintivo de tipo cultural, que nos ha inmortalizado en la historia, la del Huila y Colombia entera, esa es la existencia de la obra de José Eustasio Rivera Salas. Tan importante ha sido para este pueblo la obra de Rivera, que hasta su nombre tomo en el año de 1943, y se llamó así, Rivera, como su primer apellido, reemplazando el de San Mateo, entonces corregimiento de Neiva. José Eustasio Rivera Salas evoco para siempre en su poesía las formas y los olores de las plantas, la voz cantora de las aves, la potencia de los potros, la fuerza y la gravidez del rio, la nostalgia de la vida, y la legó a este pueblo para siempre.

Gracias a este abogado, político, defensor de la vida  y escritor prominente, la identidad del municipio está ligada también a la cultura y las letras, a la obra  del cantor del trópico como le llamaron, por eso  el municipio  tiene hoy el derecho a ser parte de la historia literaria de este país, así como lo han sido Aracataca gracias Gabo y la inmortalizada “Cien Años de Soledad”, o la  hacienda El Paraíso en el Valle del cauca donde la lucidez de Jorge Isaac desarrolla la obra cumbre del romanticismo latinoamericano “La María”.

La obra de José Eustasio fue de tal importancia, que destacó en los tres grandes campos literarios: La dramaturgia con “Juan Gil”, La lírica a través de innumerables poemas, entre ellos la destacada compilación de sonetos “Tierra de Promisión”, y la narrativa con su novela “La Vorágine” que fuese su obra cumbre, y que logro traspasar las fronteras nacionales para convertirse en la obra más importante de habla hispana en su época. La novela ha sido traducida a múltiples idiomas, y fue llevada a la pantalla grande y chica en tres ocasiones. En 1949 fue llevada al cine en México por el director Miguel Zacarías quien la adapto y titulo “Abismos de amor”,  y en Colombia en el año de 1975 fue llevada a la televisión en formato de miniserie  por RTI, y otra en 1990 por RCN. También es muy conocida la adaptación a novela gráfica hecha profesor universitario y escritor Oscar Pantoja, quien nos visitó para presentar su trabajo y hablar de Rivera hace tres años, en un escenario de conmemoración. 

Este primero de diciembre se cumplieron 94 años de su muerte en la ciudad de Nueva York a los 40 años, tras haber estado en la ciudad de la habana en comisión laboral, y después haberse desplazado a Estados Unidos a traducir su novela que por quinta y última era corregida, para buscar la posibilidad de que esta fuera llevada a la gran pantalla. Y como riverense que soy, y un apasionado por obra de José Eustasio, no podía dejar pasar de estar percibida esta fecha y celebrar su existencia, su legado.

Su novela “La Vorágine” como la definiese hace muchos años el maestro Jorge Guebelly “es un canto perturbado ante la conciencia de la degradación humana. La selva es la metáfora diáfana y compleja donde el hombre padece su proceso de descomposición”, y esa metáfora sigue vigente, la quiso extender el mismo José Eustasio en su proyecto de novela “la Mancha Negra” de la cual sus borradores nunca se hallaron, y la vive hoy Colombia con sus cultivos de coca, el conflicto entorno a ello, la novela de nunca acabar que multiplico a él explotador y delincuente  Barrera por miles, a clemente Silva por centenares de miles  buscando a sus hijos (recordemos con orgullo y dolor la memoria del profesor Moncayo), y los millones de personas que se ha tragado el conflicto así como lo hizo la selva con Alicia y Arturo.

Este es un pequeño homenaje al legado José Eustasio Rivera, una invitación a vivir la alegría de la literatura, y no olvidar, como nos quiere significar la Vorágine, que somos amor, pero también conflicto, barbarie.