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Opinión

El inolvidable "impacto" (II)

En septiembre de 1963 llegué a Neiva contratado por Jaime Ucrós García como jefe de reacción de IMPACTO, porque Javier Muñoz Piedrahíta, quien ejercía esas funciones desde la fundación del radioperiódico, en febrero, debía marcharse a Bogotá a continuar sus estudios de Derecho en la Universidad Libre.

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Por: Delimiro Moreno 10 Feb 2020

Por: Delimiro Moreno

10 Feb 2020

Yo no conocía a Ucrós; y de Neiva y el Huila tenía vaguísimas nociones adquiridas en las aulas del Liceo de Bachillerato de la Universidad de Antioquia. Pero un amigo de Ucrós, el “viejo” Mario Vélez, que trabajaba con Santiago Muñoz Piedrahita en un noticiero de cine, era también amigo y paisano mío, y cuando le escuchó a Ucrós que buscaba un periodista con agallas suficientes para irse a Neiva, le recomendó mi nombre, pues yo estaba muy aburrido en Radio Santafé, laborando como un negro con un sueldo miserable, lo único que había conseguido en mi escabrosa condición de exsecretario político del partido comunista de Antioquia, expulsado de ese partido por haber intentado dividirlo al crear con Estanislao Zuleta, Mario Arrubla y unos profesores de las Universidades Libre y Nacional el Partido de la Revolución Socialista, PRS, de efímera existencia. El dato no preocupó a Ucrós. Al contrario, le pareció excelente para taparle la boca a sus copartidarios Gonzalo Carrera, Raúl Trujillo y Humberto Tafur, que lo acusaban de ser muy de derecha… Y para mejorar la propuesta, cuando al llegar al Café Automático, donde nos conocimos esa noche, y preguntarme qué deseaba tomar, le respondí que un aguardiente de la botella que tenía en la mesa compartída con el abogado Nelson Rendón, exclamó eufórico: ¡Queda contratado!, pues no solo adquiría un periodista para IMPACTO, sino un compañero de tragos…

El debut fue excelente. Esa misma noche emprendimos viaje a Neiva durante 16 horas en el auto de Rendón, conducido por una hermana suya, y entre parada y parada para cambiar de llantas, a causa de un paro de transportadores que las pinchaban con grapas, no solo bebíamos wisky sino que comentábamos la política huilense, conmocionada ese día por la bofetada que el joven Julio Bahamón Vanegas le propinó al jefe oficialista Alberto Galindo por un incidente de este con su padre, el líder Julio Bahamón Puyo. Al llegar a Neiva, escribí para la emisión de esa noche una completa crónica del incidente, con base en la charla con Ucrós y Rendón, adornada con picantes observaciones de los tres. El éxito fue total. Esa misma noche, en el Bar Taurino (calle 8ª con carrera 6ª), la sede de los políticos de entonces, conocí a casi todos los dirigente liberales y conservadores de Neiva, admirados de la agudeza de la crónica. Ucrós, feliz, me anunció que el periodo de prueba que habíamos convenido en el Automático estaba cumplido, y recibiría el sueldo completo: ¡el doble de lo que ganaba en Bogotá!

Ingresé así, con “patada de antioqueño” al entonces reducido grupo de periodistas del Huila.

(Próxima crónica: El gobernador Rómulo González Trujillo cierra IMPACTO).


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