Viernes 22 de Marzo del 2019

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Opinión

El dinosaurio sigue ahí

El


En la semana en donde el mundo se llenaba de color rosa, en homenaje a la Mujer, no faltó el aguafiestas.

La Federación Colombiana de Futbol anunció que la Liga Femenina se acaba,  y todo se trata de retaliaciones tras las denuncias por los bajos salarios, las pésimas condiciones en las que tienen que trabajar y el acoso sexual de varios dirigentes hacia las jóvenes futbolistas. Esos dirigentes que no han ocultado su molestia al ver una mujer detrás de un balón, dicen que no quieren seguir apoyando el torneo porque no es rentable, por lo que tendrán que volverlo amateur. Lo paradójico es que Colombia está buscando ser sede del Mundial de Fútbol Femenino en 2023.

Esta actitud de una dirigencia misógina, nos recuerda que para ellos el placer sexual es cosa de hombres y a las mujeres simplemente les corresponde el rol del deber ante la sexualidad, entre cuyas obligaciones se encuentra satisfacerlos a ellos. De ahí que,  situar los deseos, el erotismo y el placer masculino como ejes centrales de la sexualidad, y mirar como la sociedad se muestre tan dispuesta a comprender y justificar que un hombre sea opresivo y naturalizar hechos de dominación sexual hacia el género femenino. Por eso, González, Jesurum y compañía, siguen en sus puestos, nadie los denuncia, nadie les pide cuenta, nadie les dice nada; se acabó la Liga Femenina y el dinosaurio sigue ahí.

Como buenos depredadores sexuales en sus relaciones laborales y deportivas, aplican la misma actitud que en las relaciones sexuales, el rol de la mujer en la cama es satisfacer y servicial al hombre: otorgar placer y no recibirlo. Que jueguen y ganen, pero sí llegan a pedir lo que por derecho propio les perteneces, los dineros y premios, eso si no. Por que la desigualdad de género está constantemente acechando la vida de las mujeres, en sus lugares laborales y en las relaciones afectivas. El capitalismo que sostiene el patriarcado es tan salvaje, que además de no permitir a las mujeres tener los mismos derechos que los hombres, también les priva muchas veces de gozar del placer sexual y lograr un orgasmo pleno. Por eso, las amenazan y las insultan; el fútbol es “un caldo de cultivo de lesbianismo”. Lógico, el insulto es sexual.

La cultura patriarcal está presente en todas partes del mundo. Esa cultura la hemos introyectado cada uno de nosotros, mujeres y hombres. Se esclaviza a las mujeres al trabajo doméstico y a la crianza, tienen los trabajos más precarizados, no tienen derechos a sala cuna, corren el riesgo de ser violadas, son  acosadas en la calle, existe propiedad sobre sus cuerpos y no tienen el derecho a decidir sobre ellos, los sueldos son más bajos por los mismos trabajos, sufren discriminación cotidianamente. Son violentadas por este sistema capitalista y disminuidas por el machismo. Considero que la lucha feminista no es una cuestión de hombres contra mujeres, sino que se trata de una lucha contra una cultura de poder que también la puede ejercer una mujer que ocupe altos cargos públicos, así como también puede haber hombres que han comprendido lo que significa la cultura patriarcal y se nieguen a asumirla y vivirla.


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