El cambio se avecina

“El pueblo colombiano se encuentra ante unas elecciones presidenciales con un clima bastante candente. Y claro no es para más, después de un gobierno como el de Iván Duque Márquez distinguido por su incapacidad para gobernar, nos deja como resultado un país con una profunda crisis”.

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Para respaldar lo anterior es conveniente traer a disposición datos que demuestran de manera sucinta la situación actual del país. En el presente en Colombia de acuerdo con el “Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), para el 2021 el 39% de los colombianos -de una población de 51,6 millones de habitantes- se encontraba en condición de pobreza monetaria”. Es decir que cerca del 40% de la población total del país no tiene la posibilidad de consumir sus tres comidas básicas vitales.

En efecto, han sido diferentes los factores que han ocasionado que hoy los ciudadanos colombianos tengan la sensación de vivir en un país inviable. La situación se recrudece, la inflación se mantiene, el gobierno revela que la inflación alcanza un 9%; en contraste con la percepción de la ciudadanía quienes aprecian el alza en los productos de la canasta familiar en un 30%. Sumado a esto el desempleo hoy está en el “12,1%, un valor alto en comparación con el de años anteriores, y que significa que hay tres millones de desempleados”, además “la proporción de ocupados informales para el total de las 23 ciudades y áreas metropolitanas del país fue 48,6% en el trimestre móvil marzo - mayo 2021 según informes del DANE, en otras palabras, en promedio la mitad de la población colombiana jamás se pensionara.

Ante esta coyuntura el espectro político se muestra un tanto belicoso; las redes sociales convulsionan como queriendo manifestar la ineludible responsabilidad que tienen los colombianos de elegir un presidente acorde ante la titánica tarea de sacar adelante de este apuro a nuestro país. La situación lo amerita, después de 200 años de vida Republicana marcada por un fuerte bipartidismo entre liberales y conservadores; la sociedad colombiana tiene la autonomía de elegir entre dos candidatos que no representan ninguna de estas dos vertientes.

Por un lado, Gustavo Petro jefe de oposición durante el gobierno de Duque, profesa ser el cambio, con sus propuestas asistencialistas deja vislumbrar el crecimiento exponencial de los compromisos del estado, recayendo en este la subsidiaridad de la mayoría de los sectores de la sociedad Civil, lo cual me hace pensar ¿estamos preparados para un estado totalmente benefactor?, tal vez esta sea una de las propuestas que hoy más genera perplejidad en la carrera de Gustavo Petro a la presidencia.

Ahora bien, por otra parte, la candidatura de Rodolfo Hernández resulta a grandes rasgos ser una propuesta bastante autoritaria, su forma de hablar y de comportarse avizora un posible gobierno despótico y dictatorial. En consecuencia, aunque sus propuestas puedan llegar hacer “beneficiosas” vulnerarían el sistema de pesos y contrapesos. De ser elegido decretaría Estado de Conmoción Interior atribuyendo facultades especiales al ejecutivo situando en alto riesgo la veeduría que le hace el legislativo entorno a las leyes y contratos.

En lo que a mí respecta creo que el cambio se acerca, estos candidatos son el producto de gobiernos anteriores alejados de la realidad y de una crisis sanitaria ocasionada por el Covid-19 que golpeo duramente el tejido social y económico. Pese a que los dos candidatos demuestren falencia, como colombiano y sujeto político he decidido apoyar a Gustavo Petro a la presidencia de la Republica porque es el mejor preparado y el que sin duda respetara los valores democráticos que se han estructurado a lo largo de la historia de Colombia.