Efeméride especial a un gran ser humano

Aquél 15 de noviembre de 1972, llegó al mundo un ser que sin mayores palabras pero con acciones contundentes, se ha sabido ganar el aprecio de propios y extraños

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Fruto de la unión entre el señor Augusto Williams sanmartín (Q.E.P.D) un locutor tolimense de bastante reconocimiento en la Región, y la Señora Ana Narváez, quien trabajó varios años en el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), Yoneira Williams Narváez, llegó como un aurea de regocijo para una pareja bastante disfuncional.

Tratando de ser lo más íntegra posible, la psicóloga profesional, ha ido construyendo toda una vida académica basada en el humanismo, dentro de lo que representan sus sentires y el de los seres que aprecia, claro está que no deja de lado su esencia y al contrario la va llenando de mucha más sabiduría; misma sabiduría que trata de reproducir en su única hija, Laura Daniela, quien por obvias razones es el ser que más aprecia; de igual manera, no escatima en esfuerzos cuando se trata de apoyar y estar para quien la necesite, y aunque parezca en muchos casos contraproducente, le invierte bondad.

Desde la bondad es que ha manejado su carácter, y eso no la hace débil, todo lo contrario, a la hora de actuar es eficaz ya que oportunamente espera un trato recíproco. ¿Pero cómo no ser recíproco ante un ser humano de su talante? Independiente de los detalles, de lo imperfectamente humana que es, de sus estudios, su formación y sus valores, a veces caracteriza la terquedad de los Williams, algo que de ninguna manera opaca lo demás, es más, sus sacrificios y su entrega la hacen original.

Yo, he sido benefactor de su bondad, y no precisamente en lo banal y lo efímero, todo lo contrario, desde muy niño me dió bastante luz cuando en ese entonces había oscuridad, me dió la opción de abrirme camino en la academia cuando pocos daban tres pesos por mi; y así, aprovechando este espacio es que invito a quienes se tomaron la tarea de leer esta columna, a abrazar a ese ser que más aprecian, porque así como todo lo expuesto ante nuestros sentidos, la vida misma termina siendo efímera y es un milagro de Dios cada cumpleaños.

 

¡Feliz vuelta al sol tía!