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Donaciones para limpiar la corrupción

Tengo dos amigas que viven en Cuarto Centenario, un barrio popular de Neiva, a las cuales, un mes después de iniciada la cuarentena, nadie les ha llevado alguna ayuda para sobrevivir.

Donaciones
Por: Miguel de Leon 27 Abril 2020

Por: Miguel de Leon

27 Abril 2020

 

Ellas han hecho todo los que les han dicho, se han inscrito en cuanto formulario les han dado, han estado en todas las colas que les dices, han llamado a todos los teléfonos posibles y nada. La una es cocinera y se quedó sin trabajo tan pronto comenzó la cuarentena, la otra es vendedora informal. Ambas son madres cabeza de hogar y lógico, ninguna tenía ahorros. Uno quisiera colaborarles un poco más, pero todo está en contra. Y cuando los medios muestran esa feria de donaciones y ayudas que todos dicen hacer, uno no sabe realmente,  a dónde va eso.

Y entre más ayudas se anuncian, aparecen en cantidades alarmantes y pasmosas, personajes a los que a estas crisis les vienen como anillo al dedo, en especial los políticos que en épocas de emergencia saborean jugosos contrato para suplir alimentos, entregar ayudas humanitarias, proveer medicamentos, etcétera, demostrando así no solo la ausencia de liderazgo sino un pillaje, un saqueo de los bienes públicos que desconoce limites o escrúpulos. Y claro perjudicando a los verdaderos dueños de estos recursos, como lo es el mismo pueblo, que ahora sale a protestar porque tiene hambre. Pero la respuesta de los corruptos es única; comienzan a organizar “donatones”.

Y entonces los medios hablan de cómo, “múltiples organizaciones, empresas, gremios, políticos y personas naturales se han unido para ayudar a dotar médicos, generar insumos, donar alimentos y otras medidas”. Por eso, con mucha razón Petro dice, “La fiesta de la donación es la fiesta de la doble moral. Los mismos que donan 50.000 millones al Estado,  en el mismo año recibieron del Estado 7 billones de pesos en reducción de impuestos. Con ese dinero morirían muchísimos menos colombianos por el virus”. Es decir, el esfuerzo de mucha gente comprometida y valiosa, es utilizado por los corruptos para desviar la atención de sus propias responsabilidades. El gobierno y las instituciones deben garantizar que los recursos públicos lleguen a la gente y no estar desviando la atención con “donatones” hipócritas.

Por qué se sabe, que la mayor parte de las donaciones de las grandes empresas, son descontables en impuestos. Es sacar de un bolsillo para meter en otro, eso sí con lavada de imagen. Sin embargo, nadie dice nada, sobre cómo estas empresas obligan a trabajar a su personal, que los despiden, que les dan ‘vacaciones’ sin goce de haber o que suben los precios de sus productos y servicios. La doble moral no tiene presentación, y ponen a miles de voluntarios a recibir donaciones para distraer la atención del robo de los recursos que por lógica, son del mismo pueblo. Porque en estos tiempos, numerosos conflictos y contradicciones del sistema capitalista afloran. En la cuarentena son más evidentes las contradicciones de una sociedad dividida en dos. Tenemos que seguir denunciando a un gobierno que no es capaz siquiera de dar mascarillas, ni guantes, ni batas, ni tests “de verdad”. Y que ni siquiera garantiza que las ayudas alimenticias lleguen a los más necesitados.

Pero no solo con los “donatones” se disimula la crueldad del sistema, también se ha pretendido “romantizar” la cuarentena como una oportunidad para “reencontrarse consigo mismos” y apreciar mejor lo cotidiano, olvidan que muchas otras personas ya son bien conscientes de su “cotidianeidad”. Mientras unos viven la pandemia como una suerte de viaje astral hacia los misterios del subconsciente, para otros es un verdadero encierro sin espacio. Y los medios nos dicen todos los días, no te das cuenta de que de esta crisis salimos “entre todos”? Nada más lejos de la realidad, debemos desmentir estos prejuicios: en esta cuarentena no todos hacemos el mismo esfuerzo. Según el DANE, por lo menos 14 millones de personas sentirán en sus bolsillos los efectos de la cuarentena y corren un alto riesgo de quedarse sin alimentos. Igualmente, millones de trabajadores de sectores no esenciales continúan yendo a trabajar sin garantías sanitarias: carne de cañón para la curva de contagios. Asimismo ¿qué pasa con la gente que convive en viviendas pequeñas, con niños y sin espacios comunes? No todos vivimos en la misma cuarentena.

 

 

 


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