Demonología del huila, en dosis…

Igual que el país, el Huila aparece clasificado como adorador del demonio ante los ojos del mundo místico-religioso, de corte apocalíptico. Por igual, se afirma que los próximos cuatro años encierran el anunciado fin de los tiempos bíblico, sin escapatoria posible.

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Por creer que la adicción a los sicoactivos se torna incontenible y diabólica, algunos educadores huilenses, que prefieren el anonimato por trabajar en zonas populares de alto consumo, en una parte visible de la comuna 10 de Neiva, auguran una época de manifestación de hordas de drogadictos desesperados por la falta de la dosis personal –y la carencia de dinero para comprarla-, en episodios de ataque (y atraco) a las personas de bien, mediante auténticas asonadas pro consumo compulsivo.

Los prósperos empresarios del micro-tráfico enviciaron estratégicamente a generaciones enteras de menores de edad, en sus propios entornos educativos o barriales, a través de dosis –en primera instancia gratuitas- de sicoactivos que inundan el mercado interno. Aunque el país es considerado el más grande exportador de cocaína del mundo, su oferta gigantesca deja excedentes para los viciosos criollos, cuyas cifras aumentan escandalosamente y amenazan la paz y la seguridad públicas.

 

FENOMENOLOGÍA

Sin embargo, esta es una mínima parte de la problemática asociada a las liviandades que se desatan en el orbe y que carcomen los valores que le imprimían cordura a las tradicionales relaciones humanas.

Muchos presupuestos éticos ahora terminan tirados por la borda en virtud del neoliberalismo totalitario, de un libre mercado donde se vende hasta la madre en caso que resulte un comprador interesado. El imperio de los negocios está socavando el edificio que cimentó la sociedad humana, tras muchos siglos de lucubraciones codificadas por sus egregios pensadores.

No obstante, es difícil todavía para la sociedad científica prever lo que le viene pierna arriba, tras un punto de no retorno que se asoma caprichosamente, entre espesas brumas, al final de lo que semeja un túnel oscuro, una silueta difusa igual que  la noche de los tiempos …

Fue tal el desplome de la edificación, la ruptura del contrato social iluminista, que ahora se legalizan temas controvertidos como: el adulterio (en Suráfrica) –sin derecho al pataleo de parte de la víctima, hombre o mujer ofendido-; el matrimonio igualitario, de parejas del mismo sexo (en Chile), ‘la condición para ser feliz’ en el modelo neoliberal; el incesto (en Alemania), que nos regresa a la unión entre hermanos, y padres e hijos, además de otras parentelas directas; el sexo en público (proclamado por Miami, la ciudad precursora de ese exhibicionismo),permitido en escenarios como iglesias, estadios, supermercados; el sexo practicado con los animales, o zoofilia-bestialismo, (en Canadá); la pornografía libre en secundaria y universidad (España); la prostitución de menores desde los 10 años –las niñas ‘experimentan placer sexual’- y el marginamiento a las personas conscientes que intentan revelar el funcionamiento del cuerpo humano, para cohibir la práctica sexual de los niños mediante campañas de prevención y alerta (en contravía existen organismos multilaterales que promueven el sexo infantil); el Satanismo, implantado en Colombia por sectas de EEUU con la figura de un templo demoniaco en el eje cafetero, que rinde adoración al diablo y a su estatua de 12 pies, aplaudida a rabiar por el público ‘feligrés’.

 

INDICIOS

En un episodio registrado en el último cuatrienio, un individuo inescrupuloso practicó el sexo con una joven, al parecer ‘su amante’, menor de edad, en Palermo, Huila, bajo un puente urbano, a la vista del público.

El hecho sería inconexo si no involucrara en su ocurrencia social a una conducta que va en aumento en el mundo, y que avisa sobre lo que nos espera en la colmena humana de este milenio como supuesto efecto de la globalización, del neoliberalismo.

En los informes que categorizan, más arriba, a los países al parecer libertinos del planeta tan sólo se habla de un satanismo territorial en lo que atañe a Colombia.

Es lógico que el demonismo va contra las leyes eternas, divinas, la moral  y las buenas costumbres. Cabe recordar que aquí se viola y se mata a los infantes hasta los cuatro años de edad, de acuerdo con Medicina Legal, en una proporción dantesca. A ello se suman los mensajes de la música urbana, popular, mafiosa, ‘vallenata’, bachata y reguetón, entre otras, que convierten al menos a los niños en instrumento sexual deleznable y sacrificable, para no ir muy lejos. La leyes, incluida la cadena perpetua, de tal manera se vuelven inocuas.

EL CRIMEN EMPOTRADO

El crimen es, para bien o para mal, y según el cristal con que se le mire, un negocio institucionalizado en el país y consolida buena parte del antiguo proyecto político de Pablo Escobar, que ahora mismo manda –quita y pone- en el territorio nacional, sin que sea necesaria su resurrección milagrosa de entre los muertos.

Los colombianos, entonces, viviremos el crujir de dientes bíblico antes de pasar al más allá para ser juzgados como lo merecemos. Y lo que merecemos no solamente son los gobernantes que elegimos, en medio de un eventual arranque de ignorancia y estupidez en los comicios: la lista tiene de largo y de ancho. Los asesinos y los mafiosos aquí siguen de moda para perplejidad del mundo civilizado.

El maestro citado como fuente al principio de este texto se pregunta socarronamente por las propiedades suntuarias de muchos huilenses que a veces circulan en bólidos por las calles de nuestras ciudades haciendo gala de una arrogancia, de una superficialidad y de una soberbia, incluso de una moda, lo más cercano a pasiones bajas, cuyas excentricidades no logran aparentar el oficio de ‘los empresarios exitosos, de los emprendedores distinguidos’.