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Opinión

Cultura y política; y el Teatro Pigoanza

Cultura


¿Saben por qué estamos como estamos en temas culturales en el Huila? Porque toda la clase dirigente política y económica, casi sin ninguna excepción, tiene la cultura como un asunto de tercera categoría.

No piensan en apoyar escritores, artistas, gestores culturales. No le interesan los libros, las esculturas, los óleos, las exposiciones, los conciertos. Hace pocos días, uno de los dirigentes en que yo creía más por su exquisita cultura, me asombró al decirme que no le gustaba el candidato tal a la Alcaldía “porque parece interesarse demasiado en la cultura, dejando de lado lo importante”. Y si eso dice un dirigente culto, ¿qué podemos esperar de los albañiles con votos?

Y llegan al poder, y a pesar de compromisos con los grupos culturales en busca de sus votos (porque los integrantes de la cultura también votamos y nuestros votos cuentan tanto como los de los comerciantes, los industriales, lo deportistas, los trabajadores rasos, los campesinos, toda la masa votante del país), las promesas hechas al sector cultural son las últimas en ser atendidas y en los balances de su gestión ocupan un mínimo lugar, como mínimo ha sido el papel de la cultura en la administración.

Aunque el trabajo cultural de algunas administraciones como la de Rodrigo Lara Sánchez en Neiva, donde el apoyo a la Bienal de Novela José Eustasio Rivera, la creación de las orquestas infantiles y juveniles en numerosos barrios, y la celebración con programas culturales de fiestas folclóricas y religiosas (el San Pedro, la Semana Santa, la Navidad), ha sido de importancia y relieve, en general lo cultural queda rezagado. La administración departamental actual, por ejemplo, se comprometió a levantar, dar vida y continuidad al archivo histórico del Huila, y no dio un paso en ese sentido; adquirió el compromiso solemne de terminar la modernización del Teatro Pigoanza, iniciada por la administración de Carlos Mauricio Iriarte quien afirmó que el proyecto quedaba en ejecución y financiado, y en tres años y medio de la administración de Carlos Julio González, el teatro sigue cerrado y sus obras sin terminar, con grave perjuicio para la cultura y hasta para los actos que otrora se realizaban en su escenario en el Festival del San Pedro, que hasta ese nombre perdió para convertirse solo en el Reinado Nacional del Bambuco cada vez menos folclórico y más carnavalesco.

¿Cuántos libros se editaron oficialmente y se lanzaron en estos cuatro años? ¿Cuántos CD de nuestra música? ¿Cuántos conciertos se organizaron y cuántas exposiciones de arte se abrieron?

El número es exiguo y su existencia casi no cuenta para los balances.

La cultura sigue siendo la Cenicienta de las Administraciones por obra y gracia de la 17ª generación en el poder en el Huila que empezó a formar hace 407 años don Diego de Ospina, el fundador de Neiva.


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