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¡Acaben pues con todo triples….!

Cuando se consolida una ola macabra que acaba con todo –hasta con la Tierra y la vida que reproduce-, una práctica tenebrosa se cuece al lado de la destrucción acelerada del planeta: la desaparición de la cultura y de las raíces territoriales.

¡Acaben
Por: Fernando Amezquita 18 Jun 2020

Por: Fernando Amezquita

18 Jun 2020

 

Se trata de dar paso, y consolidar de una vez por todas, a la moda de los mequetrefes, de los cafres, de los chafarotes, de los idiotas... El bochornoso episodio ocurrido en la Feria de Cali, donde fue chiflado el Gran Combo de Puerto Rico, ‘la universidad de la salsa’ –no faltó sino que lo lincharan durante la borrachera pública- para exigir la presencia inmediata en tarima de Jessi Uribe y Jeison Jiménez, cantantes populares previstos como el duelo central de la programación musical de la feria, es una muestra de lo dicho anteriormente. Los músicos fueron silenciados por la turba embriagada, y cedieron a sus caprichos delirantes tras retirarse prudentemente del lugar. Hace dos años, otro grande de la salsa, Willie Colón, sufrió allí el mismo tratamiento despectivo y tuvo que resignarse a ese entierro de segunda que le quieren dar a la salsa. Lo bajaron del escenario para que se presentara J. Balvin. En adelante la salsa únicamente se podrá encontrar en los frascos y empaques de Fruco, curiosamente una industria regional. Entrarle a ese bastión de la cultura salsómana en el hemisferio, para ponerle un reemplazo nacido de la inspiración de los colombianos más guasos significa que tales generaciones definitivamente forman parte del reinado de la estupidez y de la mediocridad –tal como lo predican los pensadores que aún quedan (ver El club de los libros perdidos, en la red)-. El mismo peligro corre la música del Pacífico, y en general muchas expresiones del folclor colombiano, que nos identificaron secularmente. Tal vez se salva la música llanera; allí su autoridad prohíbe la reproducción de otros aires ajenos al joropo, y de la popular música chatarra, en las fiestas oficiales. El nuevo aire que identifica a buena parte de la colombianidad no tiene precedentes en materia de identidad cultural. Los señores del mano a mano en la feria caleña, Uribe y Jiménez, aseguran que ellos no tienen la culpa de su popularidad, pues los mismos aficionados les exigen esas letras y esos ritmos, no muy decentes ni muy cristianos, que venden como pan caliente. En este mes, se lanza con bombos y platillos una película que exalta el disco ‘Dulce Pecado’ de Jessi Uribe, con músicos norteños (mafiosos). Cada vez que suena ese tema en los barrios de Neiva, le aplican todo el volumen al equipo y lo repiten varias veces. Coros de niños repiten su letra, aunque promueve la vida fácil y la promiscuidad, los antivalores de nuestra época. A este señor Uribe terminarán erigiéndole un busto, o beatificándolo, al paso que vamos. Por otra parte, en la costa Atlántica, no oyen el nuevo vallenato chatarra, ni a sus propios intérpretes y músicos costeños, de moda en el interior del país, por una cuestión de cultura y pulimiento. En este caso, los corronchos somos el resto del país. Allí manda la música caribeña, la salsa y los ritmos cultos. Se oye más vallenato en el Huila que en la propia costa. El Festival del Bambuco en sus días de celebración hace el ridículo ante el mundo por la reproducción escandalosa del vallenato en sus escenarios. En los hogares de Neiva es fácil oír ese ‘ruido’ –así lo llama Alfredo Gutiérrez- desde las siete de la mañana. La gente luce atronada: no está informada, no reza ni hace la oración matinal, no piensa ni habla, es superficial e irrespetuosa. La chabacanería es la que manda, sin solución aparente…Acaben pues con todo triples…La expresión con el triple madrazo es una forma de aceptar que esto luce acabado y, en efecto, se acabó.     

 

 


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