Los golazos de Duque

El presidente Duque cierra con una aparente goleada olímpica la insufrible campaña ideológico-política de su gobierno tiránico en 2021, en materia de inventos publicitarios para engatusar al pueblo colombiano (al más estúpido e ignorante del conjunto, por lo que se puede entrever)...

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El presidente Duque cierra con una aparente goleada olímpica la insufrible campaña ideológico-política de su gobierno tiránico en 2021, en materia de inventos publicitarios para engatusar al pueblo colombiano (al más estúpido e ignorante del conjunto, por lo que se puede entrever); para mantenerlo sometido –aunque se afirme que es sólo a la mitad de él- mediante la acción de algunos genios del mal que lo asesoran y que, por lo visto, dominan la metodología de la opinión pública.

Es un tortuoso, un obligatorio registro captado desde esa realidad angustiante del país, pese a que el año cierra con el despertar inusitado de nuestra sociedad política y religiosa, de lo que han dado en llamar la sociedad civil. No obstante, el tarjetón dirá lo suyo en las elecciones del 2022.

Es posible que la desinformación Duquista desde el palacio de Nariño le aguante unos meses más al mandatario, aunque ya hiede de lejos con su habitual carga de podredumbre… El perverso autócrata organizó un show para alcanzar a nombre del país, incluido todo el censo de población, la ‘máxima’ exaltación jurisprudencial del congreso mundial de juristas celebrado en Barranquilla, consistente en un supuesto premio ‘Nobel’ en materia de democracia y estado social de derecho –podría tratarse de un contrapeso espurio a Juan Manuel Santos, distinguido de verdad por la academia sueca, al final de su gobierno, tras la firma de los acuerdos del fin del conflicto con las antiguas Farc-.

Nada menos que se trataba del acto central de cierre de las deliberaciones oficiales del certamen, de la ceremonia de otorgamiento de un amañado esperpento jurisdiccional proveniente de la rancia cofradía europea colonialista, con rey español a bordo, que se arroga, como en los viejos tiempos, el derecho a entronizar su concepto de democracia (desde la orilla supra-derechista).

Un censurable episodio de lavado de imagen al interior de una república bananera como Colombia que, para comenzar las frías estadísticas de destrucción física de su propia comunidad, por sustracción de materia, mató sin escrúpulos a sus ambientalistas hasta alcanzar el nada despreciable primer lugar de estas ejecuciones criminales en el globo contra la vida futura, para atraer veladamente la inversión foránea sin contratiempos ni riesgos de seguridad (la confianza inversionista); que eliminó también a sus líderes sociales, en la generalidad, a centenares de reinsertados y de aborígenes, además de otros actores populares, no especificados, en lo particular.

No contento con lo anterior, el gobierno nacional desempolvó los consejos municipales de juventud, a nuestro juicio, un canto a la bandera legislativa aprobada desde 2013, que engaña a las nuevas generaciones sobre la base de una supuesta participación política activa en lo atinente a sus destinos, como consultores de los mandatarios locales, y que sólo garantiza el pago de viáticos y de algunas prebendas a los elegidos durante esta jornada electoral en proceso de escrutinio.

Busca en el fondo, el presidente Duque doblegar por medio de un canto de sirenas la protesta social en cabeza de los jóvenes, luego de criminalizarla como terrorista y asesina, en un hecho sin precedentes en el orbe entero, digno como ninguno de otra condecoración estereotipada, engañosa y fascista.